| A carpeta abierta |
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Para el docente la evaluación es una herramienta y una carga, un enfrentamiento con sus propias fortalezas y debilidades que exige conocimiento y equilibrio.
Susana Lizzi*
Inevitablemente la frase “A carpeta abierta” siempre provoca una equivocada sensación de alivio en el alumno; lo hace suponer que la evaluación será simplemente “copiar” de la carpeta o del libro la respuesta a unas preguntas. Sin embargo, la dificultad que plantea una consigna integral que promueva el mecanismo de la deducción es siempre más rigurosa que un ejercicio estructurado o el tradicional cuestionario. Indudablemente, el rango de la técnica evaluativa también habla del profesor, aunque atribuir las dificultades de los estudiantes a los estudiantes mismos tiene aún mucha fuerza en nuestra cultura, y es algo que muchos países necesitan enfrentar para poder avanzar hacia una educación más inclusiva. Cuando yo evalúo no dejo de pensar que también me estoy evaluando a mí misma como docente, porque al corregir sabré cuán efectiva ha sido mi enseñanza. El resultado me permitirá reorientar mi planificación, no sólo en cuanto a contenidos sino también en lo referido a metodología. A nivel de la escuela, la evaluación de cuánto aprenden los estudiantes proporciona información acerca de la efectividad de aquello que la institución les proporciona. Esto constituye una herramienta que permite a los directores planificar cómo administrar sus recursos para apoyar a los estudiantes y cómo desarrollar las prácticas educativas. Si bien es cierto que, en un sistema educativo efectivo, todos los alumnos son evaluados de forma permanente respecto a su progreso en relación con el currículum, el nivel de desempeño de cada alumno determina en gran manera las decisiones del docente sobre cómo adaptar su enseñanza para atender la diversidad de sus estudiantes, según cómo interprete los resultados. Los maestros y profesores que trabajan con los chicos día a día, lo hacen en el contexto del currículum y del aula ordinaria, por lo tanto, están en una posición privilegiada para llevar a cabo una evaluación útil desde el punto de vista educativo. Esto implica no solamente “evaluar” a cada alumno, sino una evaluación del contexto en su totalidad, basada en las perspectivas de los maestros, los estudiantes, los padres y otros actores significativos en el proceso educacional. Muchas veces nos preguntamos cómo evaluar el progreso curricular de todos los estudiantes, incluyendo cómo evaluar a aquellos estudiantes cuyo logro es bajo y su progreso es lento; cómo usar la evaluación como herramienta de planificación para el conjunto de la clase; cómo usar la evaluación para elaborar planes individuales; cómo observar a los estudiantes en situaciones de aprendizaje, incluyendo el uso de listados de cotejo simples y programas de observación; de estas preguntas se infiere que el profesor necesita de todas las técnicas posibles para monitorear el desarrollo del alumno. Técnicas de evaluación. Entre las técnicas de evaluación fácilmente aplicables cabe destacar: La evaluación auténtica: en vez de evaluar una repetición mecánica del aprendizaje, se evalúan actividades complejas de la “vida real”. Evaluación conductual: se enfoca en la evaluación de conductas observables y el impacto de factores contextuales en dicha conducta (por ejemplo, qué estudiantes conforman los grupos, la hora del día, las acciones del docente, etc.). Evaluación de destrezas: divide una tarea compleja en sub-tareas más simples, y evalúa el desempeño del estudiante en cada sub-tarea, tal como es enseñada. Evaluación de portafolio: se reúne una selección del trabajo del estudiante que muestra su desarrollo en el tiempo y se invita al alumno a que contribuya con su propia evaluación. Cada uno de estos tipos de evaluación revela diferentes aspectos de cómo aprende un estudiante y tienen diferentes usos en el desarrollo de una educación de calidad. Por ejemplo, las evaluaciones de conducta y de destrezas son útiles para un diagnóstico detallado de dificultades particulares, mientras que la evaluación auténtica y el portafolio son útiles para comprender el desempeño de los estudiantes en contextos naturales. De todos modos, la voluntad de justicia que debe primar a la hora de utilizar técnicas de evaluación debe ir de la mano con el ingenio y la inventiva. No hace mucho me encontré con una madre que recibía estupefacta los mensajes de texto de su hija que estudia en la universidad. Mediante el celular, su profesora le permitía hacer consultas que le permitieran vadear la complejidad del tema sobre el que debía responder. A mí me pareció una instancia de aprendizaje más que interesante, sobre todo contemplando la alta exigencia del sistema respecto de las nuevas tecnologías, aunque hay una franja etárea de padres que todavía no admite esta posibilidad. Insisto en que la evaluación debería propiciar la reflexión sobre nuestros propios procesos de enseñanza y cuidar que no se convierta en el ejercicio del poder como único modo de relacionarnos con los chicos, a quienes debemos acercar el universo de la cultura y los modos de aprehenderla.
* PERFIL Susana Lizzi es Prof. Superior en Letras con Orientación en Comunicación Social, egresada del Instituto Sedes Sapientiae y de la UCU. Obtuvo en la FLACSO su Diplomatura en Ciencias Sociales con mención en Lectura y Escritura en Educación.
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