Cambia, todo cambia

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Votan hoy los santafesinos, sólo para elegir candidatos. Más que expectativa el comicio vecino despierta curiosidad. Se trata de la apertura del nuevo régimen electoral; es decir la primera elección primaria o interna abierta, simultánea de todos los partidos y obligatoria.




Por Mario Alarcón Muñiz

Especial

 

Esta última exigencia es la única que ha motivado airados reclamos de los sectores independientes que se sienten empujados a definir cuestiones partidarias. “Que lo hagan quienes deseen”, protestan. “¿Qué sentido tiene, acaso es democrático, obligarnos a todos a meternos en internas que no nos interesan?”, se preguntan.

Mucha gente considera que es un buen camino el de las internas abiertas y simultáneas. La  obligatoriedad se cuestiona. Hasta el presente los partidos -salvo alguna perdida excepción- han designado los candidatos mediante internas de sus afiliados, por asambleas o a dedo. El ciudadano independiente nunca intervino. Llegado el momento del comicio general tuvo que optar más que elegir. Ahora el régimen ha cambiado y él puede también acercar su propuesta. Pero no lo obliguen. La salud política así lo aconseja.

Boleta única

El marco legal de esta instancia previa de Santa Fe es similar al que rige para todo el país. En el resto de las provincias las elecciones primarias se realizarán el 14 de agosto, habilitándose entonces el nuevo sistema que la provincia hermana adelanta por razones constitucionales propias. La diferencia que despierta curiosidad radica en las variantes dispuestas por Santa Fe, consistentes en el agrupamiento de electores sin distinción de género eliminándose la separación de mesas masculinas y femeninas y la inauguración de la boleta única.

Nada de boletas confeccionadas por los partidos, sino por el Estado. Nadie tendrá una boleta en su poder antes de votar. En consecuencia, basta de boleteadas. Un avance hacia la máxima legitimidad del comicio al asegurarle mayor independencia al ciudadano. Se supone que disminuirán aprietes, acarreos, boletas metidas a la fuerza por el puntero en el bolsillo del votante (“te la marqué, no fallés”) y otros vicios de nuestra política.

El elector llega al cuarto oscuro y se encuentra con un impreso en el que figuran todos los partidos y los respectivos candidatos con el nombre y la foto para su mejor identificación. Allí señala con un bolígrafo que está a su disposición el o los candidatos de su preferencia, coloca el papel dentro del sobre, sale y vota.

Una intensiva campaña de instrucción al electorado realizada en todos los lugares y ambientes imaginables, posibilitará el buen funcionamiento del sistema, según se estima. El único inconveniente que pronostica la mayoría de los medios santafesinos será el de la demora del escrutinio por las dificultades entendibles que presentará el recuento de votos.

Oportunidad perdida

En general los observadores políticos coinciden en destacar que esta de hoy en Santa Fe será una experiencia interesante orientada a eliminar en nuestro país la boleta sábana. Años y años hace que escuchamos hablar acerca de ese tema y nadie se atreve a dar un paso al frente. En realidad se atrevió días pasados el diputado Gil Lavedra  propiciando ante el Congreso de la Nación la boleta única al estilo de Santa Fe, pero hasta ahora es sólo un proyecto de incierto debate este año por la proximidad de las elecciones.

“La boleta sábana distorsiona, cuelga una candidatura de otra, le quita transparencia al comicio” y otros conceptos por el estilo reiteran cada tanto muchos dirigentes. A la hora de la verdad se borran. Y sigue en vigencia la boleta sábana.

Ocurrió entre nosotros hace tres años cuando los partidos políticos de Entre Ríos tuvieron oportunidad de cambiar el sistema y no sólo lo dejaron como estaba sino que le cargaron  mayor peso.  La Convención Constituyente de 2008 pudo hacerlo porque allí estaban sentados muchos convencionales que habían cuestionado severamente y con argumentos sólidos la boleta sábana. El asunto pasó de largo. Se dirá -y con aceptables razones- que no es un tema constitucional sino legislativo. Pero no sólo se abstuvieron de considerarlo sino que aumentaron de 28 a 34 el número de diputados provinciales elegidos mediante listas sábana. Empeoraron la situación, arreglaron sus tantos para distribuir más cargos y no corrigieron los problemas de legitimidad que suele plantear este tipo de representaciones en montón.

En América Latina sólo nuestro país y Uruguay conservan el sistema de boletas sábana. Es para pensarlo. Quizá la experiencia de hoy en Santa Fe estimule a los dirigentes argentinos. De lo contrario será “cambia, todo cambia, mientras me convenga”.

 

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