Daniel Scioli y Hugo Moyano, cercados por la afilada guadaña del kirchnerismo

El cerco sobre Scioli y Moyano se va cerrando. El kirchnerismo se apresta a dar el zarpazo final que, se ignora por estas horas hasta dónde llegará. ¿Buscan que ruede la cabeza del gobernador del más grande distrito de la Argentina? La de Moyano la quieren hacer rato y el jueves, Tomada dio otro paso en ese derrotero.

 

Jorge Barroetaveña

 

La situación política y económica del gobernador bonaerense se agrava a cada minuto. El viernes no sólo tuvo que enfrentar una huelga que dejó sin clases a cuatro millones de chicos sino también a un juez que le ordenó, medida cautelar de por medio, pagar el medio aguinaldo de una sola vez y no en cuatro cuotas como pretendía.

El vendaval que ha sobrevenido sobre Daniel Scioli en los últimos tres meses tienen pocos antecedentes. Más tratándose de la principal espada del kirchnerismo en las últimas elecciones, después de la Presidenta claro está, y el hombre encargado de llevar el timón de la siempre peligrosa Provincia de Buenos Aires. El día que Scioli admitió sus deseos de ser candidato presidencial en el 2015 terminó de firmar su certificado de defunción con el ala dura del gobierno. De nada le sirvió su estilo poco confrontativo, su renuencia a pelear mano a mano a través de los medios o su lealtad a prueba de balas de la que dio muestras en los últimos años.

Desde ese momento, toda la furia oficial se desató sobre él y su gobierno. Los funcionarios nacionales hacen cola para pegarle, descalificándolo  como administrador y reflotando  sus vínculos con el menemismo. Es más, el viernes el actual titular de Diputados,  Julián Domínguez, y ministro hasta hace poco del propio Scioli, dijo que sería mejor que un bonaerense gobernara Buenos Aires. Claro, el detalle es que Mariotto, actual vice, es justamente bonaerense y Scioli no lo es. Pero a las críticas de personajes marginales como D ‘Elía se sumó el inefable intendente de Lanús, Díaz Pérez quién sostuvo haber escuchado a la Presidenta hablar pestes de Scioli y también deslizar que sería bueno que llegara otro administrador. El caos político que vive Buenos Aires sólo es disimulado por el caos económico.

El agujero negro fiscal bonaerense quedó dramáticamente al descubierto con la disminución de los recursos coparticipables y la caída de la actividad económica. Hace un mes y medio, cuando Scioli propugnaba desesperado por la aprobación de la reforma impositiva, se llevó la promesa nacional del envío de ayuda fresca para enfrentar el medio aguinaldo. En realidad fue un doble juego que, el motonauta, jamás pensó sería violado. ¿Porqué? La reforma aprobada representaba más fondos para Buenos Aires pero, sobre todo, más fondos para la Nación. Scioli hizo todo: la sacó por decreto, pagó el costo pero se quedó con las manos vacías cuando Lorenzino anunció que sólo le mandaría 1.000 millones, lejos de los 2.800 que necesitaba. El cerco empezó a cerrarse.

A esa altura la crisis de los números galopaba firme y la voracidad por plata del gobierno nacional también. La última jugada sciolista fue el anuncio del pago del medio aguinaldo en cuatro cuotas. La respuesta obvia fue paro de los gremios, que paralizaron la administración pública de miércoles a viernes y dejaron a millones de chicos sin clases.  La encrucijada en la que se encuentra Scioli como el odio furibundo que repentinamente le profesa el kichnerismo son difíciles de salvar pero hay un dato que ambos parecen ignorar: la suerte de Buenos Aires está atada a la de la Nación. La provincia cuyo PBI representa casi la mitad del de la Nación no se puede ir al tacho sin arrastrar a todos y todas. Ergo: si la jugada oficial es hundir a Scioli puede que el barco se hunda entero y los lleve a todos puestos.

El cerco sobre Moyano también se va cerrando. El viernes el Ministro Tomada anunció que el estado desconoce la convocatoria al plenario del 12 de julio, con lo que dejó al sindicalista pedaleando en el aire y decretó, casi formalmente, la fractura de la central obrera. El otro cepo, el económico, sigue su camino y tiene al gremialista contra las cuerdas. No hay funcionario que le responda que no haya sido desplazado ni fondo que no le haya sido quitado.

Pero mientras el gobierno gasta energías en sacarse de encima el lastre de Moyano y Scioli, la economía sigue a los tumbos y los manotazos para evitar la fuga de dólares no cesan. Lo que al principio fue un fantasma ahora se concretó: no podrá haber transacciones comerciales en dólares ni el Central autorizará en esa moneda créditos hipotecarios. “Es el golpe de gracia para el mercado inmobiliario”, evaluó un corredor el viernes. La desesperación por hacerse de dólares tiene que ver con el vencimiento del Boden 2012, algo que obsesiona a la Presidenta. Dentro de un mes habrá que pagarlo, íntegro en dólares. Cada dólar que camina pues, es para pagar deuda en bonos, en agosto y diciembre, y las monumentales importaciones de combustible para mantener en marcha la maquinaria económica. Para todo los demás, nada de billetes verdes. Pero la economía real va más allá del dólar, aunque la simbiosis entre una y otra es histórica para la conciencia de los argentinos. Por primera vez en años, un mérito kichnerista tambalea: la economía. Es que por influencias externas y errores propios, la mayoría de la sociedad ha dejado de considerar positivo el devenir de la economía y tiene expectativas negativas sobre el futuro. La economía real dice una cosa, pero las necesidades del gobierno piensan en otras. Esa dicotomía, igual que  intentar hundir a la Provincia de Buenos Aires, podría  dejarlos a todos con las manos vacías. Es escupir al cielo y sólo apostar a esquivar la vuelta.

Comentarios