El debate sobre el futuro de la lectura

¿Es cierta la tesis según la cual el hombre del libro y la lectura está en vía de extinción, ante el cambio brutal del entorno producido por las nuevas tecnologías?


La pregunta no sólo está instalada desde hace tiempo en el mundo mediático. La cuestión de si la capacidad de leer y escribir sucumbirá en un mundo donde lo audiovisual lo es todo, está en el corazón de la reflexión cultural de la época.

La obra famosa de Marshall McLuhan, “La galaxia Gutenberg”, donde se vaticinaba que las imágenes iban a matar al texto impreso, donde se especulaba sobre el fin de la hegemonía del libro y el lector, sigue inquietando a muchas conciencias.

Pero McLuhan, una especie de profeta del evolucionismo tecnológico, no miraba el fenómeno con nostalgia y tristeza, sino con el entusiasmo de quien cree que lo nuevo es mejor.

Además, el estudioso canadiense recordaba que la humanidad siempre se estresó ante los cambios tecnológicos, y  hubo quienes miraron con recelo la aparición de instrumentos revolucionarios.

Hubo un tiempo, decía, en que el hombre tribal y analfabeto, que “vivió bajo el peso intenso de una organización auditiva de todas sus experiencias”, fue reemplazado por el hombre gutenbergiano.

Es decir, la interiorización de la tecnología del alfabeto fonético, y su expansión a través de la imprenta inventada por Gutenberg, trasladó al hombre desde el mundo mágico del oído al mundo de la visual.

La aparición de la escritura fonética también fue traumática. McLuhan recuerda que el célebre filósofo Platón había tomado conciencia de cómo el alfabeto fonético iba a alterar la sensibilidad de los hombres.

La escritura, para el filósofo griego, era un artificio que estaba llamado a crear olvido en las personas. Y esto, según dijo, “al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos”.

La televisión, después, sacudió el mundo de la escritura, explicó McLuhan, para quien esa tecnología, a mediados del siglo XX, representó el fin de un sistema de comunicación dominado en esencia por la mente tipográfica y el orden fonético del alfabeto.

Desde entonces, y ante la expansión de lo audiovisual (que es una vuelta, de algún modo, al mundo analfabeto y acústico), con el refuerzo de la tecnología digital, la pregunta sobre si desaparecerá el lector es recurrente.

Están los que creen que el homo videns, que sólo ve imágenes, desplazará al homo sapiens, perteneciente a la cultura del libro, como ha postulado Giovanni Sartori.

Pero están los que tienen una visión optimista del problema. Es el caso de Roger Chartier, un historiador francés que ha estudiado, justamente, los cambios del hábito de la lectura en este siglo.

De visita estos días en Buenos Aires, Chartier ha dicho que en realidad, bajo el influjo de las nuevas tecnologías, se está en presencia de una nueva lectura, no de su extinción como práctica.

“Los chicos entran al mundo de los libros a través del mundo digital, cuando antes sucedía al revés. La capacidad de leer y escribir es parte de la vida cotidiana, vivimos en un mundo de imágenes, pero en la vida cotidiana es un mundo de textos”, declaró.

Para el francés es un error creer que haya una lucha entre imágenes y textos, como si fuesen dos códigos que no pudieran convivir. En su opinión, hay una convergencia de códigos, una mixtura que lo digital promueve.

En este sentido, en lugar de hablar de que una forma de comunicación fagocita a la otra, hay que insistir en la coexistencia, en cuyo ámbito la lectura no puede perecer.

 

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