El problema de la dinámica de los grupos


El trabajo grupal en el aula

 

El trabajo en grupos en el aula propone un aprendizaje colaborativo y con aristas muy ricas. Pero los docentes a veces sentimos cuán difícil resulta armar estructuras grupales competentes. ¿Por qué?

Por Susana Lizzi

A Freud le agradaba decir que el narcisismo del ser humano crea el obstáculo más sólido para el progreso de los conocimientos.
La dinámica interna de los grupos puede ser positiva o negativa, según la atmósfera, la interacción, la conducción, el liderazgo y la evaluación.
La dinámica externa, está relacionada con el poder –pedagógico, sociológico, psicolósociológico y psicológico profundo-, y con sus formas de articulación, esto es, disciplina, espacios, normas y sanciones, horarios, roles.  
Para Pichón Riviere, rol es “un modelo organizado de conducta, relativo a una cierta posición del individuo en una red de interacciones ligado a expectativas propias y de los otros”. Es el papel que juega una persona puesta a interactuar en determinada situación –en este caso, didáctica-. Según este mismo autor, en el interjuego de roles se destacan como prototipos: El Portavoz, el chivo emisario, el líder, el saboteador.
El portavoz es el miembro que relata lo actuado en el acontecimiento grupal; el “chivo emisario” es un miembro del grupo en el cual se vuelcan aspectos negativos o atemorizantes; el líder, es el encargado de motorizar la acción conjunta; el saboteador centrará su esfuerzo en dificultar el cambio y atentará contra la tarea.
Hay otros roles que podrían mencionarse, tales como el oportunista, que si las cosas salen bien reclama para sí los méritos; el quejoso, que se victimiza y tiene excusa para obviar sus aportes; el desordenado, que llega tarde, se tiene que ir más temprano, o no tiene los elementos para trabajar, y el dueño de la verdad –que no necesita descripción-.
Ahora bien, ¿por qué es tan importante que el docente pueda manejar una situación grupal en el aula y conozca las derivaciones positivas de utilizar este procedimiento?
Para la sociedad, el grupo reducido es una fuerza a su servicio. Durkheim (*), por ejemplo, define al grupo social como algo más que la suma de sus miembros, es decir, como totalidad. Y Sartre rectifica: el grupo no es una totalidad, sino una totalización en proceso. Esto significa que el grupo, si conforma un todo, puede realizar acciones que lo identifiquen como tal.
Por este motivo, si el grupo comienza a gestar su  personalidad, su sentido de pertenencia, su propia volición, es probable que geste movimientos angulares nada desdeñables para lo que es la escuela como lugar de socialización. Si nos detenemos a pensar en lo que logran los equipos deportivos,  por ejemplo, o los que  se forman para llevar adelante proyectos que trascienden la institución, nos damos cuenta de que los anaqueles están adornados con trofeos que se ganan porque hubo un trabajo de equipo en una instancia social con un líder adecuado y miembros que fueron motivados hasta lograr la cohesión necesaria para alcanzar el objetivo propuesto.
Es importante que el docente conozca su estilo educativo, es decir, sus modos de estímulo y orientación del aprendizaje y la formación, y que a la hora de formar los grupos, conozca las necesidades, intereses y aptitudes  del alumno para favorecer el interjuego y las relaciones vinculares.
Otro aspecto a considerar es llevar a cabo una selección cuidadosa de los textos que el alumno deberá analizar o interpretar, y las técnicas que empleará para lograr la meta que se haya propuesto. Es interesante utilizar recursos que sean objetos naturales –obras de arte, libros de texto, periódicos, audiovisuales- que sean portadores de cultura.
En cuanto al resultado del proceso de aprendizaje grupal, es preferible hablar de “valorización” más que de evaluación, teniendo en cuenta que, si el trabajo está organizado adecuadamente, con el material necesario y las pautas establecidas, la respuesta estará en consonancia con la propuesta.
Finalmente, el condimento esencial del accionar del docente, es que su procedimiento debe ser siempre democrático, con respeto hacia el alumno y actitud que demuestre su voluntad de aprender enseñando.
Puede resultar esclarecedora la observación de las reuniones institucionales, en la que los docentes solemos reproducir las conductas y dinámicas grupales que manifiestan nuestros alumnos: así, aparecen otras atribuciones que no se dan en la sala de profesores y conductas muy diferentes de las que estamos habituados a otorgar y obtener de nuestros vínculos laborales. Cuando el asesor o la asesora pedagógica dispone la agrupación por áreas, por ejemplo, para trabajar determinadas consignas, automáticamente aparecen todos los representantes de los roles que analizara Pichón Riviere y que más arriba mencionara, y aún otros, como el crítico, el paralizador (o cuestionador), el pesimista, el jovial, el dominador agresivo, el esclarecedor.
El trabajo grupal y su compleja relación vincular tiene un enorme valor pedagógico donde se valoriza lo individual con sujeción a lo colectivo. Como docentes, podemos hacer uso de él para amplificar el aprendizaje, pero también, nos sirve para analizar y reflexionar sobre nuestras propias prácticas de enseñanza.

 

(*) En “La dinámica de los pequeños grupos”, Didier Anzieu y J. I. Martin.

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