Desde que se tutea con los actores del poder mundial, Brasil no tendría empacho en favorecer una polémica política de inmigración selectiva.
En efecto, un proyecto de la Secretaría de Asuntos Estratégicos pretende fomentar la inmigración de profesionales desocupados de Europa, según informa el diario O Globo.
Se trata de una fórmula para consolidar el desarrollo económico del país, que básicamente establece una regulación más estricta para la mano de obra no calificada.
Según el coordinador del proyecto, Ricardo Paes, “como Brasil es una isla de prosperidad en el mundo hay mucha gente de calidad que quiere venir”.
Aparentemente, el país seguirá el modelo de inmigración de Canadá y Australia, priorizando el “drenaje de cerebros”, poniendo los ojos sobre todo en los profesionales de una Europa castigada por la crisis.
La otra cara del programa es ponerle límites al ingreso de extranjeros pobres, provenientes de países como Haití. “Es necesario definir hasta dónde irá nuestra generosidad, cómo vamos a contribuir para aliviar la pobreza en el mundo y absorber esas personas. La solidaridad tiene que tener un límite y cabe dentro de lo que Brasil puede ayudar”, razonó Paes.
Por lo visto, el país de Dilma Rousseff está dispuesto a adoptar las políticas inmigratorias selectivas propias de los países avanzados, para los cuales el desarrollo de las fuerzas productivas pasa por una mano de obra calificada.
En este sentido, ha sido una constante histórica de los países centrales absorber “materia gris” de países subdesarrollados, contratando profesionales y técnicos ya formados. Pero esta ecuación se ha revertido.
Hoy esos países, devaluados por la crisis económica, están curiosamente en una situación en la que sus profesionales parados son atraídos por potencias emergentes como Brasil, cuyo gobierno está dispuesto a agilizar los trámites para la llegada de esos extranjeros.
El país norteño ha venido modificando aceleradamente su estatus internacional. Según el analista Jorge Castro, hace seis años, cuando todavía era una potencia regional en América del Sur, su objetivo estratégico era crear una base de poder en la región, para desde allí proyectarse.
Pero Brasil ha rebasado ya este marco regional, logrando su objetivo histórico estratégico. “Hoy ya es un actor global, por lo tanto, sus interlocutores no están más. Hoy los interlocutores son China, Estados Unidos, India, Rusia, la Unión Europea como conjunto y unidad”, resume el analista.
Hace poco apareció en la portada de todos los diarios internacionales la noticia de que Brasil había superado a Gran Bretaña convirtiéndose en la sexta economía mundial
Eso según el ranking del Centro de Investigaciones de Económicas y Negocios (CEBR) de Gran Bretaña, para quien por encima de Brasil se encuentran Estados Unidos, China, Japón, Alemania y Francia.
Para el director ejecutivo de la institución, Douglas Mc Williams, el caso brasileño es sorprendente. “Brasil superó a los europeos en fútbol por mucho tiempo. Pero batirlos en economía es un fenómeno nuevo. Esto nos indica cómo el mundo está cambiando con los asiáticos y las productores de commodities que suben en la liga, mientras nosotros los europeos retrocedemos”, señaló.
Pero el ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, hizo una distinción notable: comentó que si bien Brasil subió en la escala de los grandes players mundiales, sobre todo por el tamaño de su economía, eso no significa que los brasileños vivan mejor que los europeos.
En este sentido, vaticinó que a los brasileños les demandará entre 10 y 20 años tener un estándar de vida como el que muestra Europa.