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Patricia Watters está realizando un proyecto en la escuela Gervasio Méndez que incluye, entre otras cosas, la visita de escritores locales.
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En esta tercera y última parte, el Prof. Gercek habla de las escuelas de Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero y Tarija. Su reglamento y el destino de los fondos donados por Belgrano.
Mario Gercek
Especial para Enfoque Educativo
Después de abordarse los orígenes familiares de Belgrano, su formación en España y su obra como secretario del Consulado de Buenos Aires (primera y segunda parte), se limitará este trabajo a su voluntad de fundar cuatro escuelas públicas de primeras letras para las cuales redactó el reglamento pertinente. Con motivo del triunfo en la batalla de Salta (20-02-1813) la Asamblea del Año XIII decidió premiar a los oficiales, suboficiales y soldados que intervinieron en esta trascendente acción. Además dispuso para el general victorioso las entrega “(…) de un sable de guarnición de oro, grabándose en la hoja la siguiente inscripción: ‘La Asamblea Constituyente al Benemérito general Belgrano’, y que a más se le haga la donación de la cantidad de 40.000 pesos señalados en valor de fincas pertenecientes al estado” (1). Estas fincas eran parte de las Temporalidades o bienes confiscados a los jesuitas a partir de su expulsión de los dominios de España en 1767. Es oportuno señalar que Belgrano recibió esta donación –en bienes, se insiste- no sólo por el triunfo militar mencionado sino “en premio de sus servicios”. Desde Jujuy, mediante nota del 31-03-13 al Triunvirato, don Manuel comunicó su decisión de destinar “(…) los expresados cuarenta mil pesos para la dotación de escuelas públicas de primeras letras en que se enseñe a leer y escribir, la aritmética, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones en sociedad hacia ésta y el gobierno que la rige, (…)” en aquella ciudad, Tarija, Santiago del Estero y Tucumán (2). Tomó esta decisión porque estaba persuadido de que “(…) nada hay más despreciable para un hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus ciudadanos en el manejo de los negocios públicos, que el dinero o las riquezas (…)” (3) La magnitud de su generosidad se torna más comprensible a la luz de estas cifras: En 1813 los 40.000 pesos en fincas del Estado equivalían a 80 kilos de oro. Si se toma la cotización del oro en 1994, las temporalidades donadas tenían un valor de 4 millones de pesos en ese último año (4).
El reglamento escrito por el prócer es, en varios de sus 22 artículos, un documento precursor que aun hoy despierta admiración por sus alcances visionarios. Tiene su antecedente en el reglamento que elaboró para la delineación de los pueblos de Curuzú Cuatiá y Mandisoví (16-11-10), cuando marchaba al frente de la expedición al Paraguay. En ese cuerpo legal incluyó instrucciones precisas para la creación de escuelas de primeras letras. Otro antecedente es la escuela para los soldados que fundó en la ciudadela de Tucumán antes de la batalla homónima. En esa institución 500 combatientes aprendieron a leer y escribir (5). El reglamento, fechado en Jujuy el 25 de mayo de 1813, atiende todos los aspectos inherentes a la organización institucional de un establecimiento de enseñanza primaria. Sin duda Belgrano plasmó en su contenido aquellas propuestas y aspiraciones que no pudo concretar en tiempos del Consulado de Buenos Aires. En el artículo primero el creador de la bandera asigna a cada una de las cuatro escuelas un capital de 10 mil pesos, con un rédito anual de 500 (6). Dispone que de ese monto se destinen 400 pesos de sueldo para el maestro a pagarse por mitades cada 6 meses. Los 100 restantes debían emplearse “(…) para papel, pluma, tinta, libros y catecismo para los niños que no tengan como costearlo”. Si hubiera algún sobrante se destinaría premios para estimular “el adelantamiento de los jóvenes”. Mandelli destaca la preocupación del Belgrano por dignificar la función docente a partir de una adecuada retribución. Señala que en la época un secretario del Triunvirato percibía un sueldo de 1.000 pesos y un juez de primera instancia en Tucumán 250 pesos (7). Las escuelas debían funcionar bajo la protección, vigilancia e inspección de los cabildos. Estos cuerpos municipales fueron facultados para enviar a algunos de sus miembros en calidad de inspectores (art. 21). El fundador se reservaba el derecho de comisionar “(…) quando lo tenga por conveniente un sujeto qe haga una visita extraordinaria de estas escuelas. (…) (art. 22).La provisión del cargo de maestro debía hacerse por oposición y antecedentes, previa publicación del aviso correspondiente a cargo del ayuntamiento. (art. 3). Si se tiene en cuenta que en nuestro territorio aún no existían las escuelas normales, la selección del docente debía fundamentarse en requisitos ajenos al título específico: conocimientos adecuados, buena conducta y sólida moral. Los concursos de oposición debían sustanciarse cada tres años, debiendo preferirse al maestro “(…) Qe ha servido o desempeñado la Escuela en igualdad de mérito y circunstancias (…). (art.4). En otros artículos Don Manuel se ocupa del plan de estudios, los exámenes públicos, las obligaciones religiosas de los alumnos, período de funcionamiento de las escuelas, horarios de clases, libros de uso obligatorio, disciplina, asuetos y conmemoraciones (8), premios y castigos (9) y vestimenta. En el art. 18 propone al maestro como modelo y en el 8 demanda que se lo considere “ (…) Pr. Padre de la Patria.” , debiendo dársele asiento junto a los miembros del cabildo.
¿Qué destino tuvieron estos 4 establecimientos? En general funcionaron de manera precaria, costeados por las autoridades locales, durante los primeros años y sin edificio propio. Las guerras de la independencia en el caso de Tarija y las civiles en lo que hoy es nuestro territorio, provocaron su desaparición.. El dinero de la renta anual se remitió desde Buenos Aires en escasas ocasiones. Durante mucho tiempo los gobiernos provinciales reclamaron sin éxito su entrega. Los fondos acumulados a lo largo de casi 200 años se perdieron. Pero el objetivo de construir las 4 escuelas y dotarlas con el equipamiento necesario no se perdió. En 1947 El presidente Perón y su esposa pusieron la piedra fundamental para la de Tarija, que se inauguró en agosto de 1974 (10). Las de Santiago del Estero y Tucumán se construyeron en la década de 1990. La de Jujuy se inauguró en un barrio de la capital, en julio de 2004, con el nombre de Legado belgraniano (11).
Con relación al valor actual de la donación, Felipe Pigna opina que “(…) sumando el capital y los intereses (…)” desde 1813 hasta 2004 se arriba a una suma varias veces billonaria (12).
El hombre que echó las bases de la educación primaria y pública, que perdió, como Bolívar, su fortuna al servicio de la patria en formación, murió pobre, casi en soledad. Sólo un periódico, el del padre Castañeda dio a conocer la infausta noticia. Una mujer del pueblo, bajo el seudónimo “una gaucha de Morón”, expresó su pena en versos por el “(…) triste funeral, pobre y sombrío/ que se hizo en una iglesia junto al río (…)” (13).
El ciudadano Belgrano y primer estadista argentino –según la opinión de Pedro Navarro Floria- tuvo un reconocimiento tardío de la posteridad. El mausoleo que guarda sus restos, construido por iniciativa de un grupo de estudiantes secundarios de Buenos Aires, se inauguró el 20 de junio de 1903. El día de la Bandera, en recordación de su muerte, fue incorporado al calendario cívico escolar e instituido como feriado nacional por una ley de 1938. Aunque resulte contradictorio, hay que reconocer que, en este caso, la tendencia de los argentinos a la necrofilia histórica sirvió para rescatar de la indiferencia, aunque no olvido, a un protagonista fundamental de nuestro pasado.
Citas y notas
1- BELGRANO, Mario, Historia de Belgrano, Bs.As., Instituto Nacional Belgraniano, 1994, p. 226.
2- Ob.cit., p.226.
3- Ob.cit, p. 226.
4- PIGNA, Felipe. Los mitos de la historia argentina. Del “descubrimiento” de América a la “independencia”, Bs.As., Norma, 1994, p.369.
5- MANDELLI, Humberto A., Las escuelas donadas por Belgrano y su reglamento, Bs. As., Instituto Belgraniano Central de la Rca. Argentina, cuaderno 2, p. 12.
6- El gobierno de Bs.As. fijó un interés del 5% que debía producir una renta anual de $2.000 sobre los $ 40.000 en fincas del Estado. Esto equivalía a $500 por año para cada escuela.
7- MANDELLI, Humberto A., ob,cit., p. 22.
8- En los asuetos incluyó el Día del Maestro.
9- Curiosamente Belgrano propuso castigos corporales, aunque leves y fuera de la vista de los condiscípulos.
10- PIGNA, Felipe, ob.cit., pp.365 a 369.
11- RODRÍGUEZ, Carlos, La escuela que Belgrano nos legó. Bs.As., diario Página 12, 7 de julio de 2004.
12- PIGNA, Felipe, ob.cit., pp-369-370.
13- ARRIETA, Rafael Alberto, Exequias del general Belgrano, en INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO, Manuel Belgrano. Los ideales de la Patria., Bs.As., Manrique Zago Ediciones, 1995, p.96. |
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Desde Neuquén, el Prof. Gercek abrió un abanico de interesante aspectos que contemplan la formación, el pensamiento, la palabra y la obra de Manuel Belgrano.
Por Mario Gercek
En la primera entrega sobre el creador de la bandera se ha hecho referencia a su familia, sus estudios, su formación en economía política, la influencia de las Nuevas Ideas y de la Revolución Francesa en su pensamiento, su designación en el cargo de secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires, las funciones de esta institución colonial y el lamentable estado de subdesarrollo en que se encontraban las distintas regiones del virreinato del Río de la Plata como consecuencia del monopolio comercial, el contrabando y la excesiva presión fiscal de la corona española. En este artículo se pretende abordar el pensamiento y la obra del secretario del Consulado.
Gregorio Weinberg sostiene que la “verdadera preparación para la vida pública” la hizo Belgrano a pesar de Salamanca. Asimiló –como se dijo en el artículo anterior- las Nuevas Ideas que alimentaron la Revolución Francesa, magno acontecimiento cuya primera etapa coincide con los últimos años de su permanencia en España ( 1). Pero no solo abrevó en las obras de los pensadores franceses. Hablaba fluidamente el italiano y leyó en ese idioma a los economistas más destacados de la península itálica, Genovesi , Galeani y Filangieri. En Francés leyó a Quesnay y Dupont de Nemours. Frecuentó también la obra del inglés Adam Smith en un compendio elaborado por el marqués de Condorcet. Entre los españoles se sintió especialmente atraído por el pensamiento y la obra de Gaspar de Jovellanos, cuyo sentido práctico y vocación reformista admiró. Los italianos y franceses lo introdujeron en el conocimiento, valoración y promoción de la Fisiocracia, primera escuela científica de economía política. Los fisiócratas consideraban que la agricultura era la única creadora de riqueza, a diferencia de la industria y el comercio que sólo la transforman; rechazaban la excesiva intervención estatal y propiciaban la libertad de comercio. El Mercantilismo, sistema propio del absolutismo, consideraba la moneda “como equivalente de la riqueza”, a partir de la acumulación de metales preciosos y una balanza comercial favorable; subordinaba la agricultura al intercambio; propiciaba un pronunciado proteccionismo. En el orden internacional apoyaba la lucha por el acceso a mercados proveedores de materias primas baratas (2). Se destaca que, cuando el secretario Belgrano defendió la libertad de comercio, sobre todo en la Memoria de 1809, no lo hizo con la mentalidad y los objetivos de los comerciantes ingleses –de Buenos Aires y de Gran Bretaña- seguidores de Adam Smith: lo entendió como la solución para terminar con el monopolio de los comerciantes españoles de Bs.As. y de la península, por la apertura de nuevos puertos en España y en América y en oposición al descarado contrabando que los propios monopolistas realizaban con los barcos ingleses en el Río de la Plata. Mediante esta actividad clandestina se inundaba el territorio con mercaderías elaboradas en los talleres británicos, a bajo costo, merced a los avances técnicos propios de la primera fase de la revolución industrial. Esta competencia desleal amenazaba seriamente la existencia de las artesanías del interior.
En Don Manuel la educación fue un desvelo, una preocupación y una cuestión de estado, aun antes de la formación de nuestra nación. Mandelli sostiene que Belgrano “hablaba de educación con ternura de maestro”. El mismo autor afirma que el pensamiento y la obra educacional del prócer, antes y después de la Revolución de Mayo, abrevan en el pensamiento y la obra de su contemporáneo, el gran pedagogo suizo Juan Enrique pestalozzi (3). Este era partidario de llevar a la práctica en las escuelas algunas de las revolucionarias ideas de Rousseau. Defensor de una educación integral (intelectual, moral, artístico-técnica), Pestalozzi es un precursor de la educación popular; “Creía que el camino para salvar a las masas populares de la miseria espiritual y económica, más que por la revolución violenta o las leyes, era por la educación (4). Esta convicción fundante alentó el quehacer del futuro triunfador en Tucumán y Salta desde su retorno de Europa en 1794. Sobre la base de las influencias antes indicadas se puede afirmar con Weinberg que, desde la Secretaría del Consulado de Bs. As., su peocupación lo abarcó casi todo: propuestas para la construcción de caminos, puentes, faros; estímulo para los estudios agronómicos y la difusión de cartillas informativas agropecuarias; interés en el uso de abonos, en el novedoso procedimiento de la rotación de cultivos y en la práctica de la forestación; fomento de exposiciones y congresos “(…) para discutir y exhibir lo realizado” de productos del suelo; institución de premios para estimular las innovaciones en el campo de la producción. Sus afanes “fueron tan amplios como las necesidades del virreinato, y tan generosos como que estaban inspirados por su patriotismo al servicio de la tierra y sus hombres” (5). En materia educativa no sólo fue propulsor sino, sobre todo, precursor, porque a él se deben las primeras ideas orientadas a la organización institucional de la enseñanza pública. Creyó en el valor del conocimiento y de su aplicación a la educación de la niñez y a la formación profesional de la juventud. Vio la necesidad de crear escuelas de primeras letras para niñas y niños. A raíz del abandono en que se encontraba la educación de la mujer, sobre todo en el ámbito rural, fue el primero en proponer la fundación de escuelas profesionales de mujeres. Estuvo convencido de que la agricultura no prosperaría si antes no se educaba al campesino. Por eso sugirió la formación de establecimientos primarios rurales y de una escuela de enseñanza industrial para la elaboración de la lana y el algodón Con clara postura de visionario requirió la instrumentación de escuelas de comercio, pues imaginó un activo intercambio de la futura producción nativa por mercaderías de otros países sin la mordaza del monopolio. Sus mayores logros fueron la fundación y puesta en funcionamiento de la Escuela de Náutica y la Academia de Dibujo. Estos emprendimientos lo acreditan como precursor de la enseñanza artística y científica en los tiempos que transitan entre la colonia y la Revolución. Muchas de sus iniciativas, expuestas en sus dieciséis memorias, en el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio y en el Correo de Comercio se diluyeron por la insensibilidad y el desinterés de las autoridades metropolitanas, no pocas veces por el escaso o nulo apoyo de los miembros del Consulado. La Escuela de Náutica y la Academia de Dibujo funcionaron pero tuvieron corta vida. Fueron clausuradas por considerárselas onerosas y “de mero lujo”. Con referencia a las dificultades que encontró en su gestión, propias de su espíritu inquieto y progresista, Belgrano consignó en su Autobiografía lo siguiente: “ (…) no puedo decir bastante mi sorpresa cuando conocí a los hombres nombrados por el Rey para la junta que había de tratar la agricultura, industria y comercio, y propender a la felicidad de las provincias que componían el virreinato de Buenos Aires; todos eran comerciantes españoles; exceptuando uno que otro, nada sabían más que su comercio monopolista, a saber: comprar por cuatro para vender por ocho, con toda seguridad: (…)”. “(…) Mi ánimo se abatió, y conocí que nada se haría a favor de las provincias por unos hombres que por sus intereses particulares posponían el del bien común. Sin embargo, ya que por las obligaciones de mi empleo podía hablar y escribir sobre tan útiles materias, me propuse, al menos, echar las semillas que algún día fueran capaces de dar frutos, ya porque algunos estimulados del mismo espíritu se dedicasen a su cultivo, ya porque el orden mismo de las cosas las hiciese germinar (6).Sólo por esta enorme y trascendente labor Don Manuel se hace acreedor al reconocimiento de la posteridad. Cabe ahora preguntarse si la posteridad se ha hecho cargo de cultivar todas aquellas semillas sembradas por Belgrano que en su momento no fructificaron.
CITAS.-
(1)- WEINBERG, Gregorio, Manuel Belgrano, en BELGRANO, Manuel, Autobiografía y otras páginas, Bs. As, Eudeba, 1966,págs. 6 a 8.
(2)- WEINBERG, Gregorio, ob. Cit.,, págs, 9 a 11.
(3)- MANDELLI, Humberto A., Las Escuelas donadas por Belgrano y su reglamento, Buenos Aires, Consejo Académico de Estudios Belgranianos, departamento del Instituto Belgraniano Central de la República Argentina. Bs.As., 1974, Cuaderno Nº 2, pág. 11.
(4)- MANDELLI, Humberto A., ob. Cit, págs. 18-19.
(5)- Weinberg, Gregorio, ob. Cit., pág. 14.
(6)- BELGRANO, Manuel, Autobiografía y otras páginas, Bs. As., Eudeba, 1966, págs. 25-26.
MEMORIAS REDACTADAS POR BELGRANO
En su carácter de secretario perpetuo del consulado de buenos aires entre 1794 y 1809.
Hasta la fecha se conocen los textos y los contenidos de siete de las dieciséis memorias escritas por Belgrano;
1)- Máximas generales del gobierno económico de un reino agricultor. Tradución hecha por Belgrano de las Máximas de Francois Quesnay (1794). 2)- Modos generales de fomentar la agricultura, animar la industria, proteger el comercio en un país agricultor (1795). 3)- Principios de la ciencia económico política. Traducido por Belgrano de obras de varios fisiócratas europeos. 4)- Utilidades que resultarían a esta provincia y a la península del cultivo del lino y cáñamo ( 1797). 5)- Sin título, sobre la dependencia mutua entre agricultura y comercio (1798). 6))- sin título, sobre el establecimiento de curtiembres (1802). 7)- Sin título, sobre la liberalización del comercio exterior (1809). Se conocen los temas de otras siete memorias porque se los menciona en las actas del Consulado, pero se carece de los textos; -Sobre la necesidad de un aula de comercio (1800); Sobre la navegación del Río de la Plata (1803); Sobre un viaje científico por el virreinato (1804); Sobre la necesidad de aumentar la población (1805); Sobre la formación de una Sociedad de Agricultura (1806); Sobre el comercio interior (1807); Sobre un plan estadístico (1808). No hay conocimiento del título ni del contenido de las memorias de 1799 y 1801. Hasta el momento están perdidas.
Cita: NAVARRO FLORIA, Pedro, Las Memorias Consulares, en INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA , Manuel Begrano, los ideales de la patria, Buenos Aires, Manrique Zago ediciones, 1995, págs. 123 a 125. |
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A pocos días de conmemorar la creación de la bandera, publicamos un artículo que resalta las virtudes de Manuel Belgrano en un momento histórico revisionista que lo favorece como a pocos.
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Es común recordar con preferencia –cuando no con carácter excluyente- a don Manuel Belgrano en el rol jefe del ejército expedicionario al Paraguay, creador de nuestra bandera, vencedor en las batallas de Tucumán y Salta y vencido en Vilcapugio y Ayohuma. Pareciera que los protagonistas de nuestra historia hubieran irrumpido en la escena pública recién con la Revolución de Mayo o poco antes, con las Invasiones inglesas. Por supuesto, no es así. Hubo quienes ocuparon importantes cargos en instituciones de la administración colonial y llevaron a cabo una notable labor. Este es el caso de Belgrano. Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770. Fue el octavo de los dieciséis hijos del próspero comerciante domingo Belgrano y Peri –italiano, nativo de Oneglia en la Liguria- naturalizado español, y de la criolla María Josefa González Casero (1). En el campo inferior del antiguo escudo nobiliario de la familia del padre hay tres espigas de trigo dispuestas en abanico. Al pie del símbolo aparece la leyenda Bel grano, que podría traducirse como Bello trigo. Tal es el significado del apellido. Aunque sus progenitores lo enviaron a España para que aprendiera la ciencia del comercio, Manuel se interesó tempranamente por la abogacía y por la economía política, una disciplina nacida bajo el influjo de las Nuevas Ideas del siglo XVIII en Gran Bretaña, Francia e Italia. Aunque limitada por el despotismo ilustrado la economía política ingresó en España e inspiró importantes reformas impulsadas por destacados ministros de Carlos III en los escenarios metropolitano y de ultramar. Inició sus estudios en la universidad de Salamanca, los continuó en la de Valladolid y realizó luego pasantías en distintos bufetes de Madrid. En la capital española se incorporó a la academia Santa Bárbara, donde profundizó sus conocimientos sobre economía política y en particular sobre la fisiocracia estrechando vínculos con destacados pensadores (2). Finalmente la cancillería de Valladolid le otorgó el título de abogado (3). No le interesó doctorarse en Derecho porque consideró que el diploma obtenido lo habilitaba para viabilizar sus aspiraciones y proyectos. En consecuencia, no es correcto llamarlo doctor. En su Autobiografía confiesa que no se dedicó tanto a la carrera que había ido a estudiar como al estudio "de los idiomas vivos, de la Economía política y del derecho público" (4). El recuerdo del contacto con los "hombres amantes del bien público" que le manifestaron sus "útiles ideas (...)" lo llevó a consignar lo siguiente: " (...) se apoderó de mí el deseo de propender cuanto pudiese al provecho general, y adquirir renombre con mis trabajos hacia tan importante objeto, dirigiéndolos particularmente a favor de la Patria" (5). Se hallaba en España cuando estalló la Revolución Francesa. La fuerte influencia de este acontecimiento se refleja en las siguientes palabras: "Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de Francia hiciese también la variación de ideas, y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente" (6). La economía política le ayudó a analizar el estado de la economía colonial. Este análisis lo condujo a conclusiones tan revolucionarias como el posterior reclamo por la "emancipación política" (7). En resumen, las nuevas escuelas de economía política –en especial la de la fisiocracia- y las novedosas ideas que impulsaron el estallido de la Revolución Francesa, proporcionaron a Don Manuel un rico equipamiento conceptual que orientó su obra anterior y posterior al 25 de Mayo de 1810. Luego de siete años de ausencia (1786-1793) Belgrano regresó de España con el nombramiento de secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires. Esta institución, creada en 1794, debía cumplir varias funciones: a)- ser ámbito de debate y planificación de la política económica virreinal, sobre todo en el aspecto comercial. b)- actuar como foco de difusión de ideas y emprendimientos educativos orientados a la producción. c) instituirse como corporación de comerciantes en defensa de sus intereses monopólicos. ch)- intervenir como tribunal en lo económico . Belgrano se desempeñó en el cargo durante 15 años (1794-1809), salvo algunas interrupciones cortas a raíz de las Invasiones Inglesas y por problemas de salud. Su función primordial consistía en elaborar una memoria anual "sobre alguno de los objetos propios del instituto del Consulado, con cuya lectura se abrirían las sesiones". De las dieciséis memorias se conocen siete completas, incluyendo la de 1809, hallada en el Archivo de Indias por el historiador argentino Pedro Navarro Floria. De otras tantas obran sólo los títulos en las actas del Consulado. Nada se sabe sobre las dos restantes, de 1799 y 1801 (8). El flamante funcionario detectó tempranamente la puja entre los miembros de esta nueva institución: por un lado los monopolistas; por el otro los partidarios del libre comercio. Bajo el reinado de Carlos IV, y a pesar de las reformas impulsadas por los ministros ilustrados de Carlos III "para la reconquista productiva de América", las colonias continuaban sujetas a un riguroso monopolio que beneficiaba a los comerciantes españoles radicados en América y en España. Por otra parte aquel monarca ejerció sobre sus posesiones una presión fiscal insoportable (9). Estas tierras se encontraban en un estado lamentable de subdesarrollo. Había pocas vías de comunicación y en mal estado, escasez de establecimientos educativos, especialmente en las zonas rurales, ausencia de incentivos para la diversificación de las actividades productivas; abandono de la agricultura, predominio de una explotación ganadera con escaso o nulo valor agregado, y desinterés por la industria. Además el intenso contrabando de mercaderías extranjeras, consecuencia lógica de las medidas monopólicas, perjudicaba la producción artesanal del interior. En este escenario desolador actuó Belgrano. No obstante, su temprana vocación de servicio, el amor a su terruño y su condición de hombre ilustrado, le dieron las fuerzas necesarias para impulsar la agricultura, la industria y el comercio, la educación y el arte, y la promoción de las nuevas ideas políticas a través de las memorias y el periodismo. Esta vitalidad lo impulsó a compartir también, con su primo segundo Castelli y otros amigos, precoces inquietudes carlotistas vinculadas con la libertad y la soberanía, aunque bajo la forma de una monarquía constitucional. En la próxima entrega se abordará con más detenimiento el pensamiento y la obra del secretario del Consulado.
CITAS
1 GUZMÁN, Alberto, Estudios genealógicos sobre la familia Belgrano. Instituto Nacional Belgraniano, Manuel Belgrano. Los ideales de la Patria, Bs As., Manrique Zago Edic., 1995. 2 Fisiocracia: Primera escuela científica de economía política. Considera a la agricultura única creadora de riqueza, en oposición a la industria y el comercio que sólo la transforma. 3 La cancillería equivalía a un tribunal superior de justicia actual.. 4 Hablaba con fluidez el italiano y el francés. 5 BELGRANO. Manuel, Autobiografía y otras páginas, Bs. As., Eudeba, 1966. Selección y presentación por Gregorio Weinberg. 6 BELGRANO, Manuel, ob. cit. 7 WEINBERG, Gregorio, Selección y presentación de la Autob. de Belgrano, en BELGRANO, Manuel, Autobiografía y (...), ob. cit. 8 NAVARRO FLORIA, Pedro, El secretario del Consulado, Instituto Nacional Belgraniano, Manuel Belgrano. Los ideales de (...), ob. cit. 9 NAVARRO FLORIA, Pedro, Las memorias consulares, Inst. Nac. Belgraniano , Manuel Belgrano. Los ideales de (...), ob.cit.
PERFIL Nacido en Maciá, provincia de Entre Ríos. Maestro normal nacional egresado de la Escuela Normal "José María Torres" de Paraná. Profesor de Historia egresado del Instituto Nacional del Profesorado Secundario de Paraná y de La Universidad Nacional del Comahue. Ejercicio de la docencia en diversos establecimientos de nivel medio de la Provincia del Neuquén y en los Institutos de Formación Docente de Cutral-Có y Chos Malal (Provincia del Neuquén). Vicedirector interino en el CPEMNro. 6 de Cutral-Có y director titular en el CPEMNro. 2 de Neuquén Capital. Ayudante de segunda y de primera en las cátedras de Historia de América contemporánea y de Antropología del Dpto. de Historia (Universidad Nacional del Comahue). Supervisor interino en el área de las ciencias sociales (Consejo Provincial de Educación del Neuquén). Ex miembro del Instituto Belgraniano de Neuquén. Integrante de la Fundación artística y cultural "Tribu Salvaje" de la ciudad de Neuquén. |
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