| Justicia bajo amenaza, República bajo cerrojo |
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En cambio, los gobernantes que distan de ser estadistas –como los nuestros- ven en los jueces posibles obstáculos para sus chapucerías y tratan de cubrirse, saboteando su independencia. De distintas maneras: la tradicional consiste en designar jueces adictos. Cuando no disponían de mayoría en el Senado o en su Comisión de Acuerdos, se recurría al canje para salir del paso. Para evitar esas corruptelas, algunos se ilusionaron con el Consejo de la Magistratura, cuando lo instituyeron en la Constitución del 94 y le delegaron la preselección de los jueces. No fue tan fácil; el debate de ley reglamentaria insumió años; en la discusión se pujaba por su integración política: mal comienzo. Recién en 1997 se sanciona la 24937 pero mientras se debatía, un apurado Menem siguió designando jueces -además de tener la Corte adicta- y recién al final de su mandato, el Consejo propuso los primeros seleccionados. Eso sí: ya se llevaban gastados $ 54 millones. Pero la Constitución del 94 le otorgaba al Consejo otras funciones, como la de administrar los recursos del P. Judicial y ejercer las facultades disciplinarias sobre los jueces. Los Kirchner -que se presentaban como enterradores de la vieja política- al comienzo propiciaron cambios efectistas, entre ellos, la renovación de la Corte. Pero luego resucitaron lo más viejo de la política, con métodos primitivos, como la presión y amenazas a los jueces. Menem lo hacía con disimulo: cuando le molestaba algún juez fuera de la servilleta, impulsaba su ascenso a una cámara de apelaciones, en una sala donde su voto fuera neutralizado por la mayoría. Siendo grave, él se limitaba a eso, sin doblegar tan burdamente la institución. Los Kirchner fueron mucho más audaces: planificaron reformar la Ley del C. de la Magistratura, para ponerlo a su disposición. La Senadora Cristina Fernández presentó un proyecto para reducirle los integrantes de Esas mayorías juegan tanto para la designación de jueces, como para su remoción. Con esos manipuleos se dilatan los concursos, prolongando la permanencia de los suplentes, que al no tener estabilidad, son más manejables. También se demora exageradamente la resolución de las causas iniciadas contra los jueces. Y esta situación es la que les permite controlarlos, bajo amenaza permanente de movilizarles esas causas. A ello se agrega que la Comisión de Acusación y Disciplina está dominada por dos diputados oficialistas que actúan como perros de presa: son los montoneros Diana Conti y Carlos Kunkel, que no se destacan precisamente por su ecuanimidad (ni por su buena educación). Ellos se encargan de impulsar numerosas causas de dudoso fundamento contra los jueces que no se les someten. O bien, de demorar exageradamente el avance de las que comprometen a los suyos. Así obtienen de algunos, una increíble docilidad, que les permite tenerlos bajo la pata para los mandados más sucios: detener a dirigentes agropecuarios en las rutas o citar a indagatoria a Francisco de Narváez antes de las elecciones. Es el caso de Federico Faggionatto Márquez, que ostenta el impresentable record de ¡36 causas en su contra! algunas por gravísimos delitos, que curiosamente, no avanzan. Así fue que los precitados montoneros, expulsaron al Secretario del Consejo, el Dr. Pablo Hirschman, por no ser funcional a sus designios, lo que también comentáramos en esta columna el 23-8-08. En resumen, un órgano de raigambre parlamentaria, establecido constitucionalmente para asegurar la independencia de la justicia, es desnaturalizado por Ley para utilizarlo exactamente en lo contrario. Estos métodos, unidos a los de épocas anteriores, nos ayudan a entender por qué en Argentina se delinque cada vez más desembozadamente desde el poder y en forma impune. Italia había sido infectada por una dirigencia política cuya corrupción no distinguía partidos. Por suerte para ese país, la Justicia había quedado sin contaminar y así el Fiscal Antonio Di Pietro pudo iniciar en 1992 la colosal depuración conocida como mani pulite. Nosotros no tenemos esa suerte. Julio Alak, que sirve lo mismo para un barrido que para un fregado, saltó de Aerolíneas Argentinas a Ministro de Justicia (todo un mensaje). Desde lo alto, le hicieron corregir sus dichos: el Consejo de la Magistratura no se toca. Está en todos nosotros que la autora de este crimen de lesa República, tenga que rebobinar. Hasta el Domingo. Si Dios quiere.
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De los tres poderes del Estado, el Judicial tiene peculiaridades que lo distinguen de los otros: los jueces no son electivos y perduran en sus cargos mientras dure su buen desempeño. Su función es de máxima responsabilidad: aplican la Ley; nos la hacen cumplir si no lo hacemos voluntariamente y para ello disponen de la fuerza pública.





