Por qué la Europa de hoy no es comparable a la Argentina de 2001.

Jorge Kerz
Segunda Parte

Vemos hoy (2010-2012 y a futuro) por lo tanto una transferencia en lo que hace a la presión y a la necesidad de cambio desde los aspectos técnicos (Tecnología de la Información y la Comunicación, iniciada en los 70) a la sociedad, a la infraestructura, a las instituciones, a la política y a los actores económicos. Lo que se encuentra en juego son entonces los modos en cómo vamos a adaptar los componentes de nuestra sociedad a los cambios tecnológicos que han ocurrido durante los últimos decenios. Algo que, como vemos ya comienza a acontecer.

Si comparamos la actualidad con los inicios del siglo XX debemos tener en cuenta lo que anteriormente afirmamos sobre cómo los motores de combustión y la electricidad habían iniciado una transformación de envergadura. Durante los primeros años no notaban los contemporáneos de ese entonces las dimensiones de esos cambios, pero sabemos que, antes de la expansión del automotor, de las rutas de comunicación y de la transformación de la industria de manera masiva, aconteció una crisis global con enormes consecuencias desde fines de 1920 y la década del 30.

Desde esta perspectiva podemos quizás deducir que las transformaciones importantes, desde el punto de vista de la estructuración de la sociedad y de sus componentes institucionales acopladas a la revolución digital y a la tecnología de las comunicaciones y de la información, se encuentran plasmando y configurando, y por ende, la salida de esta crisis, nos dará algunas orientaciones sobre las cualidades de las transformaciones venideras.

“Lo que se encuentra en juego son entonces los modos en cómo vamos a adaptar los componentes de nuestra sociedad a los cambios tecnológicos que han ocurrido durante los últimos decenios. Algo que, como vemos ya comienza a acontecer”.

Tenemos por delante, y según este razonamiento, un decenio ciertamente complicado para la sociedad global debido a esta situación crítica que se vincula a las presiones transformadoras. La última crisis global, anterior a la actual, aconteció en los 1970 y que se manifestó por ejemplo en los precios del petróleo y en la estanflación posterior², y posteriormente a su resolución o salida comenzaron a identificarse los signos de agotamiento de denominado Estado de Bienestar (tal como se encontraba configurado en ese entonces). Los embates contra ese tipo de Estado como modelo de prosperidad se produjeron en los 80 y se consolidaron en los 90 con el auge del neoliberalismo (nuevamente encontramos presente el patrón de desplazamiento temporal en lo que hace a la ocurrencia de los cambios institucionales).

Las crisis a las que refiero, son reconocidas por el carácter global, por su amplitud y el carácter de sus consecuencias, y porque con posterioridad a las salidas de esas crisis se produjeron transformaciones de magnitud³. Podemos al mismo tiempo encontrar ciertas regularidades: en primer lugar acontecen (a) las transformaciones e innovaciones de envergadura, posteriormente se asientan (b) los procesos de explicación, comprensión, racionalización y disfrute de los beneficios, para finalmente desatarse (c) lo que denominamos crisis global. Luego que acontece una crisis global, y a posteriori de su superación, devienen periodos de entre 15-20-25 años donde se producen innovaciones y transformaciones, y las visiones de cambio se plasman en concreciones. Luego de esos decenios, las trasformaciones se trasladan hacia una suerte de comprensión explicativa (y aceptación “racional”) de las mismas, hacia una utilización lógica y efectiva de esas transformaciones, y hacia el asentamiento de instituciones y de prácticas que vayan conteniendo y ordenando la resolución de los problemas nuevos y de sus formas de manifestarse, así como al encuentro de nuevos ordenes y “estabilidades” sociales y económicas. Las inversiones, asimismo van paulatinamente adquiriendo carácter cada vez más cortoplacista donde se buscan rentabilidades económicas que son, por supuesto, cada vez más claramente evidentes. El “disfrute” de los resultados, al alcanzarse los equilibrios y las estabilidades, lleva a la búsqueda de réditos personales, sociales y económicos cada vez más notorios e inmediatos. Todo ello debido a ese período donde la imagen social es de estabilidad, y donde predomina la creencia de un bienestar estable y donde se produce por lo tanto un cierto “olvido” de la crisis. Esta mirada cada vez más cortoplacista es la que más adelante aportará lo suyo al establecimiento de un nuevo periodo crítico. Si miramos los decenios 1830, 1870, 1920, 1960, 2000, vemos que son fácilmente identificables con periodos inmediatamente anteriores a crisis globales, aunque los miembros de la sociedad toda vivieron y sintieron que el crecimiento y el bienestar eran disfrutables desde ahí y para siempre, y la economía asimismo se creyó como posible de soportar crecimientos estables o nunca antes conocidos. Fueron éstos los decenios “felices” calificados o “autocalificados” con alguna característica o cualidad especial: desde “tirar manteca al techo”, pasando por “los felices años 60”, hasta “el fin de la historia⁴”. Sin embargo, cada uno de esos decenios derivó en una especial crisis global como culminación de ciclo: 1840, 1880⁵, 1930, 1970, 2010.

“Debemos ir quizás encontrando las formas y los modos institucionales de todo tipo: locales, regionales, nacionales y globales, que ayuden a consolidar un periodo de estabilidad en un mundo globalizado que ya no posee regiones donde extenderse, y que permitan acceso al bienestar de manera más amplia”.

Ahora, luego de haber precisado los patrones del ciclo entre estabilidad y cambio, estamos en condiciones de considerar un nuevo elemento en el razonamiento: tanto los inicios de los procesos de innovación, de los de “racionalización” y de los de salida de estas crisis globales, se iniciaron en lo que en cada momento fue el centro social, económico e industrial, para ser luego transferidos, trasladados o contagiados hacia las periferias. Es quizás debido a ello que recién hoy, luego de haberse iniciado hace cuatro años el proceso crítico en Estados Unidos (comúnmente vinculado su inicio a las burbujas hipotecarias y con cierto estancamiento económico en la actualidad), pasando luego a Europa (dos años atrás y continúa hoy en una situación de verdadero riesgo) es que comenzamos a visualizar amenazas ciertas y cada vez más notorias hacia nuestras economías y nuestro andamiaje social. De la misma manera, las innovaciones en lo que hace a tecnologías fueron también desde el centro industrializado hacia la periferia, tanto con la producción en masa, con la Internet o con las instituciones políticas (por ejemplo la formación de los estados nacionales, el surgimiento de las políticas del Estado de Bienestar o las denominadas soluciones neoliberales). Este ritmo de transferencia desde el centro de desarrollo industrial a la periferia fue, con el transcurrir de la historia haciéndose más amplio y abarcador, y todavía más acelerado (no corresponde incorporar ahora el análisis del proceso globalizador y la incorporación a la industrialización de nuevas regiones en el mundo, como ser el sudeste asiático, China e India).

Queda finalmente un último aspecto de importancia que debe ser tenido en cuenta en el análisis de los procesos descriptos: el aspecto generacional. Durante la salida de una crisis, durante el período en el que se introducen innovaciones tecnológicas y en medio de los procesos de racionalización y adecuación que acontecen luego de 15, 20 0 25 años, surgen, lógicamente, las nuevas generaciones. Los niños de las crisis o los niños nacidos durante el proceso de resolución de la misma se transforman en jóvenes, y esos jóvenes van luego camino a la adultez y hacia una posibilidad de real incidencia como miembros plenos de la sociedad. Nuevas ideas aparecen, surgen fuerzas laborales que han asumido las transformaciones producidas como algo “dado”, nuevos productos se demandan y aparecen en los mercados, nuevos valores, perspectivas y prioridades se establecen y nuevas necesidades se hacen visibles. Los adultos de hoy tuvimos por ejemplo que aprender a utilizar internet, los niños de hoy nacieron con internet, los ancianos tuvieron dificultades para adaptarse simplemente al cajero automático, nosotros aprendimos a entendernos con la lógica de la tecnología, los niños y los jóvenes nacieron y piensan “dentro” de esa tecnología. Los  jóvenes de hoy son los que dentro de cinco, diez o quince años se incorporarán al mundo del trabajo, con la obligación de tomar de decisiones personales, económicas, políticas, de inversiones, y serán ellos los que tendrán a cargo la consolidación de las instituciones que ordenarán su sociedad, instituciones que aparecerán y se irán delineando a medida que vamos saliendo de la actual crisis global. Esos jóvenes son además los consumidores que a su tiempo demandarán productos que no alcanzamos a conocer hoy en su plenitud y establecerán valores que con seguridad configurarán importantes aspectos de la sociedad futura. Son los que se mueven incluso dentro de idiomas y de simbologías, y con modos de interrelación que comienzan a aparecer⁶.

Hoy, en la crisis en la que nos encontramos (según se entiende en este análisis) también nos hallamos (quizás sin ser plenamente conscientes) delineando algunos aspectos de inversiones futuras a largo plazo mientras discutimos y reflexionamos si es mejor emitir moneda e inyectarla al mercado, si corresponde hacer recortes en los gastos del estado, si hay que establecer medidas proteccionistas, o hasta que punto debe auxiliarse a los bancos y a los países endeudados. Muchas decisiones se mostrarán inefectivas, mientras que otras (efectivas) consolidaran aspectos de la sociedad y de las instituciones que se harán visibles con posterioridad a la crisis.

Antes de llegar a ese punto corresponde sin embargo atender una diversidad de problemas que deben ser indefectiblemente resueltos, y que, al considerar las experiencias pasadas correspondería agrupar en tres (3) los puntos o las áreas donde las soluciones buscan encaminarse: (1) (Innovación y estructuración de la sociedad) Debemos quizás apuntar a salir de la crisis orientándonos hacia las innovaciones necesarias donde se garantice un manejo más efectivo de los recursos que utilizamos, en un mundo que demanda cada vez más alimentos y donde las cuestiones ambientales y energéticas se transforman en uno de los dilemas centrales. (2) (Infraestructura) Debemos quizás ir resolviendo temas de infraestructura social y económica: transporte, combustibles fósiles, movilidad colectiva (la industria automotriz y su utilización en demasía fundamentalmente), electricidad y las comunicaciones que contemple sobre todo un mundo interconectado a través de las tecnologías de la información y comunicación, que debe llevarnos a eficiencias y sensatez en utilización de recursos y a las cualidades de un crecimiento y desarrollo que equilibre regiones en un  mundo y una civilización injustamente relacionada y con grandes diferencias. (3) (Instituciones y sociedad) Debemos ir quizás encontrando las formas y los modos institucionales de todo tipo: locales, regionales, nacionales y globales, que ayuden a consolidar un periodo de estabilidad en un mundo globalizado que ya no posee regiones donde extenderse, y que permitan acceso al bienestar de manera más amplia. Estos son algunos de los contenidos de las innovaciones que incipientemente se generan al mismo tiempo que algunas de las actuales se modifican o adaptan.

“Lo que ocurre en el mundo hoy no es entonces para nada comparable con lo ocurrido en Argentina en 2001 (una crisis local, doméstica y estrictamente situada dentro de los límites nacionales). Estados Unidos, Europa y lo que las demás regiones perciben hoy, es una crisis de carácter global, y en la cual Argentina, aún no se encuentra del todo inmersa y debe por entonces prepararse para ello”.

Estos son algunos de los aspectos de la inevitable agenda que la sociedad en general, y la economía y la política en particular, tienen para este decenio. Lo que ocurre en el mundo hoy no es entonces para nada comparable con lo ocurrido en Argentina en 2001 (una crisis local, doméstica y estrictamente situada dentro de los límites nacionales). Estados Unidos, Europa y lo que las demás regiones perciben hoy, es una crisis de carácter global, y en la cual Argentina, aún no se encuentra del todo inmersa y debe por entonces prepararse para ello. No tenemos ante nosotros ni un periodo de disfrute, ni posibilidades de encontrar las salidas intentando retornar al equilibrio anterior⁷. Lo tratado precedentemente puede orientarnos en la comprensión de que la actual crisis es una realidad compleja, que nos involucra plenamente, y que interpela a todos, institucional y socialmente.

 

Notas:

¹Basado parcialmente en Lennart Schön, profesor en Historia Económica. Lunds University. (Ekonomiska kriser går i cykler. UR Samtiden – Lundaforskare föreläser)

²Ver por ejemplo: 1) Cox, Ronald W. and Skidmore-Hess, Daniel. (1999). U. S. Politics & the Global Economy: Corporate Power, Conservative Shift. Colorado. Lynne Rienner Publishers. 2) Trumbek, David M. and Santos Alvaro. (2006). The New Law and Economic Devlopment: A Critical Apraisal. Massachusetts. Cambridge University Press. págs. 110 y ss.

³Este sería uno de los componentes del concepto de “crisis global”. Otro componente trataremos a continuación cuando consideremos los modos en cómo se originan y extienden desde los centros industrializados a las periferias. Según esta definición, se comprende por que ninguna de las crisis acontecidas en los 90 en los países emergentes (tequila, caipiriña o vodka) alcanzaron a ser globales.

Fukuyama, Francis. (1990) .El fin de la historia? Buenos Aires. Doxa nº1

Sobre las crisis de 1840 y 1880: ver Hobsbawn, Eric. (1970) Industria e imperio. Barcelona. Ariel.

Por ejemplo en la utilización de las redes sociales, en la iniciativa emprendedora en por ejemplo YouTube, o en el cambio idiomático que se va produciendo a medida que los jóvenes utilizan esas tecnologías (los diálogos se realizan mediante mensajes reducidos y donde no son necesarias las explicaciones o las argumentaciones). Es interesante tener en cuenta también, por ejemplo, como los jóvenes utilizan el tiempo y como pueden  conversar e interrelacionarse con diferentes personas en un mismo momento y dialogar sobre diferentes temas a una misma vez.

No sería adecuado por lo tanto proponer al mundo que haga lo que hizo Argentina para la salida de su crisis doméstica, ya que el mundo, en aquel momento, no se encontraba económicamente deprimido y pudo “colaborar” con nosotros (gracias a las pautas de consumo de ese entonces), “asistiendo” a la solución. Hoy es el mundo, y son las sociedades en general, las que se encuentran globalmente en una situación crítica.

Ficha técnica
Jorge Alberto Kerz es sociólogo, Master en Ciencias Sociales de la Universidad de Lund, de Suecia. En la actividad privada trabajó en proyectos de desarrollo local y regional y en mejoras organizacionales de la administración pública.

Es docente del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina y ha sido profesor en la Universidad Católica de Santa Fe, en la Facultad de Trabajo Social de la UNER y en el Posgrado de Derecho Laboral de la Universidad Nacional del Litoral.

En la función pública fue Defensor del Pueblo de Paraná, Coordinador de Políticas Sociales y Presidente del Consejo General de Educación de Entre Ríos. Fue diputado provincial y en la última elección candidato a vicegobernador por el Frente Entrerriano Federal.