A pesar de los peligros potenciales que se derivan de los artefactos inventados por la ciencia, quizá nunca como ahora el hombre está tan fascinado y pendiente del cambio tecnológico.
En todo caso podría decirse que para la conciencia del común el efectivo aumento de poder y de bienestar que ofrecen las tecnologías, hace olvidar sus efectos perniciosos.
El sistema económico y la técnica se retroalimentan permanentemente y es posible afirmar que el capitalismo es consustancial a las innovaciones tecnológicas.
De hecho en relación al comunismo, que fue su rival en el siglo XX, demostró tener mayor capacidad para desarrollar las “fuerzas productivas”, un concepto caro a los marxistas.
Más allá de las críticas que puedan formulársele, el capitalismo no sólo satisface necesidades, sino que las inventa. Teóricamente esto se resume en el axioma según el cual “la oferta crea su propia demanda”.
Steve Jobs, el desaparecido magnate de los negocios del sector informático, reveló el secreto del sistema: “Hay que averiguar qué va a querer la gente antes de que lo sepa y leer las páginas que todavía no se han escrito. La mejor manera de predecir el futuro es inventarlo”.
¿Y qué nos depara el cambio tecnológico? ¿Qué nuevos inventos vendrán a cambiar la vida de las personas en los próximos años? ¿Qué artefactos está incubando el conocimiento científico?
Días atrás la empresa multinacional de informática IBM, por sexto año consecutivo, anunció la nueva edición de ‘Five in Five’. Allí resume las innovaciones que, según esa organización, cambiarán la forma en que la gente trabaja, vive y se entretiene, en los próximos cinco años.
Una de ellas consiste en un dispositivo pequeño o batería que tendrá la capacidad de recolectar la energía que producen los entes que se mueven o que generan calor.
Es el caso de la persona que camina, corra o ande en bicicleta. Así, por ejemplo, el dispositivo se conectará a las ruedas de una bicicleta, con el propósito de almacenar la energía que se genera con el pedaleo. Al llegar a casa, se lo enchufará para abastecer las luces o el horno a microondas.
Otro invento tiene que ver con que ya no se necesitará recordar contraseñas para acceder a información en los teléfonos móviles o computadoras. En lugar de eso, los aparatos reconocerán a través de un sensor rasgos faciales o de la retina, o la voz del usuario, y ésa será la llave de acceso.
Se anuncia, además, que será posible la comunicación entre nuestra mente y las laptops o los smartphones. De esta manera, con sólo pensar el nombre de la persona y la acción de llamar por teléfono, los aparatos harán el resto.
En esta línea, también será posible mover el cursor en la pantalla con el pensamiento. Según IBM, esta suerte de acción telepática con la máquina será aplicada primero en el sector de juegos y entretenimientos.
Por otro lado, la multinacional anticipa que habrá un considerable achicamiento de la brecha digital por los avances y la masificación del uso de la tecnología móvil.
Se calcula que en algunos años habrá 5.600 millones de dispositivos móviles funcionando en el mundo, lo que cubriría al 80% de la población mundial. Ya los pobladores rurales de la India, pueden por esta vía conocer información climática (clave para sus cultivos) y encontrar los mejores precios para sus productos. Además, saben cuándo el médico llega al pueblo.
La otra innovación consiste en que los usuarios de correos electrónicos dejarán de recibir información irrelevante o indeseada (spam). El sistema será más inteligente: analizará la naturaleza de nuestros intercambios en la web, y en base a esto hará un filtro que permitirá sólo el ingreso de información útil para cada usuario.
Cabe aclarar que estos chiches tecnológicos no se propagarán en forma automática a todos, sino que su expansión social será escalonada. Como sea, al cerrar de alguna manera la brecha entre la realidad y la ciencia ficción, alimentan ya una espera curiosa.