| La paja en el ojo ajeno... |
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y no la viga en el ojo propio. La cita evangélica es aplicable a una parte de la oposición que ataca las candidaturas testimoniales con calificativos como mamarracho, deshonra y cachivache, este último término empleado por el cuasi oficialista (será eso?) Jorge Busti.
Compartimos la crítica, pero recorriendo el espectro político, advertimos que son pocos los que están libres de arrojar la primera piedra. Es más: a algunos les cuesta diferenciarse de lo que critican y necesitan dar demasiadas explicaciones, lo cual no les debe resultar muy cómodo. Gabriela Michetti p. ej., en el caso –ahora en veremos- de que se postule para una diputación, deberá explicar en su campaña, que ella –a diferencia de Scioli- está dispuesta a asumir. Pero no tendrá muchas razones para justificar por qué no puede esperar a terminar su mandato de 4 años como Vicejefa de Gobierno. En realidad, aspiraba a titularizarse como Jefa de Gobierno en 2011 pero Macri, al ver que da bien en las encuestas, le impone un cambio de planes. En 2007 Scioli aspiraba a gobernar la Ciudad de Bs. Aires pero Kirchner, al ver que daba bien en las encuestas, lo mandó a la Provincia y ahí está. La diferencia no es de fondo sino de grado. Felipe Solá fue electo Diputado en 2007 con mandato por 4 años. Pero antes del año y medio se postula nuevamente ¡para lo mismo! ¿Podrá explicar las razones? De Narváez se presenta en sus spots como abanderado de la renovación, que viene a terminar con la mala política. Pero al mismo tiempo, sus socios arreglan listas de concejales en común con lo peor de la mala política: los eternos barones del conurbano. Carrió hace, deshace, renuncia, desrenuncia y se postula como si fuera la propietaria de la coalición. Cobos ¿era Vicepresidente de la República? ¿o de la UCR? En todas partes se cuecen habas… En resumen, está en crisis el principio de la periodicidad de lo mandatos, atacado desde flancos opuestos. Por un lado, la incontinencia temporal para cumplir los períodos y por otro, la fiebre de las reelecciones, mediante reformas constitucionales con nombre y apellido. Mucho bien le haría a nuestra Democracia, que se la respetara en todo sentido, sea para cumplir el mandato popular, como para no evadir la limitación republicana. NI RETENCIONES NI TENTACIONES Sin embargo, no todos los favorecidos por las encuestas se dejan seducir con tentaciones. Los dirigentes de la Comisión de Enlace eran perseguidos por algunos partidos, sin mayor análisis de sus ideas; daban bien en las encuestas y eso bastaba. Ellos saben que en el futuro, el campo deberá estar en el Congreso, como en Brasil. Pero no necesariamente deben ser ellos mismos, quienes ocupen las bancas de legisladores. Sobre todo, cuando tienen compromisos pendientes con las entidades que los eligieron y eso marca una diferencia… Por lo demás, han sido prudentes en mantener distancia de la trituradora. PROPUESTA RIESGOSA El Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni propone una modificación sustancial en nuestra forma de gobierno: su conversión al sistema parlamentario. Discúlpenos Doctor, no dudamos de su versación y desde esta humilde columna, no pretendemos rebatirlo con argumentos jurídicos. Recurrimos simplemente, a alguien que no era abogado: Juan Domingo Perón, que a su modo remozó un principio aristotélico, al decir que la única verdad es la realidad. Y la realidad nos indica que el problema no es la forma de gobierno, sino la forma de nuestras mentes. En los sistemas parlamentarios, el Jefe de Gobierno surge de la mayoría en el parlamento y cae cuando la pierde. En los países serios que adoptaron ese sistema, generalmente hay 2 o 3 partidos organizados, con mucha vida interna, buena preparación de sus cuadros y dirigentes con liderazgos bien ganados, en base a una carrera que selecciona a los mejores. Si no alcanzan las mayorías para formar gobierno, recurren a alianzas con partidos menores. En caso de crisis políticas, los gobernantes se someten a un voto de confianza en el parlamento y de no obtenerlo, renuncian, convocando a elecciones anticipadas. Argentina, con una gran atomización política, partidos inestables, sin democracia interna, que seleccionan a la inversa, conducciones personalistas y exceso de divisionismo, no presenta las mejores condiciones para ese cambio. Si le sumamos un Congreso que refleja tales carencias: infinidad de bloques, minibloques y unibloques; permanentes borocotizaciones en ambos sentidos, alianzas inestables y oportunistas, predominio de intereses, individualismo y apetencias por encima de las ideas, la receta no parece apropiada. Algunos ven en ello, el fantasma de la inestabilidad italiana. Pero al menos en Italia, aunque los gobiernos duraran meses, la economía real se mantuvo al margen de los vaivenes y hoy son la séptima potencia del mundo. En cambio, nuestra tradición marca que cada gobierno trata de anular lo hecho por el anterior y eso aleja la inversión. Con un riesgo adicional: como el cambio requeriría una reforma constitucional, algún pillín podría aprovechar para agregarle ciertas cositas; ya lo hemos vivido. En conclusión: lo mejor sería zafar de Zaffaroni. SE ARREGLÓ, PERO… Se solucionó el conflicto municipal. Sería interesante conocer todos los ingredientes que incidieron para que fuera tan largo y virulento. Es la base para un buen diagnóstico y el tratamiento preventivo para el futuro. También se deberá explicar muy bien lo del auxilio pedido a la Caja de Jubilaciones, porque lo que viene ocurriendo en el país, no es para estar tranquilos. El concepto “no puede estar la municipalidad con las cuentas debilitadas y la caja tan fortalecida” es peligrosísimo y ojalá haya sido un furcio del Intendente. El propio Sindicato, debe ser el más interesado en cuidarla de cualquier manotón. Nos queda otra duda: cuando arreciaba el conflicto, Bahillo publicaba solicitadas a página entera, pero el Partido Justicialista que lo ungió, ¡ni un renglón! Raro, ¿no? En fin, han de ser cosas de la política…
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y no la viga en el ojo propio. La cita evangélica es aplicable a una parte de la oposición que ataca las candidaturas testimoniales con calificativos como mamarracho, deshonra y cachivache, este último término empleado por el cuasi oficialista (será eso?) Jorge Busti.






