La tarea de construir un país libre y soberano no puede darse por terminada

Hace casi dos siglos, el territorio argentino se declaraba independiente de España y de toda otra dominación extranjera. Sin embargo, pronto quedó claro que la tarea de construir un país libre y soberano recién comenzaba, y que demandaría mucho más esfuerzo, más tiempo y más contiendas que aquella manifiesta declaración de principios.

 

Por Carlos Caballier*

Como cada año, en esta fecha repasamos los hechos, releemos la historia para comprenderla mejor y muchas veces nos hemos preguntado por qué la independencia se declara 6 años después de la Revolución de Mayo, a partir de la cual suponemos rotas las cadenas con España. Y muchas veces también nos preguntamos por qué después de la Revolución de Mayo había españoles en la 1º Junta, o por qué la bandera española flameó en el fuerte hasta 1814. La historia que –desde Mitre en adelante- hemos aprendido como la historia oficial, ha escondido matices y datos que revelan otros puntos de vista.

Siguiendo el análisis de historiadores que han revisado aquella única versión de los hechos, es lícito afirmar que la revolución de Mayo, una revolución democrática en tanto el poder que residía en el virrey pasó a manos de una junta que expresaba al pueblo, fue parte de un movimiento político que se produce en España a partir de 1808 –como resistencia a la invasión napoleónica-, y que promueve la formación Juntas de Gobierno populares en nombre de Fernando VII –a quien supone progresista- , declara provincias a las colonias y convoca a que las colonias de América procedan de igual modo, democratizándose. Pero cuando esa revolución democrática española es derrotada en 1814, se vuelve al absolutismo y se repone la Inquisición entre otras medidas, nuestros patriotas ven con claridad la necesidad urgente de la ruptura, de la independencia para no recaer bajo un gobierno absolutista.

Así, 6 años después de la revolución de Mayo, por primera vez en esta tierras, se pronuncia esa declaración que dice: “declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli y  toda otra dominación extranjera”.

La historia de lo sucedido aquel 9 de Julio será -sin dudas- analizada con más datos y reflexión en las aulas de nuestras escuelas, pero quise compartir con ustedes este punto de vista para invitarlos a pensar que la tarea de hacer un país, como la de contar su historia, nunca es sencilla y posiblemente, tampoco sea una tarea que alguna vez se pueda dar por concluida.

Desde aquel 9 de Julio, el país osciló entre distintos grados de autonomía y dependencia de los centros de poder mundial, respondiendo también a los intereses propios de los poderes locales. Y a pesar de tanto, el ruido de las viejas cadenas se sigue oyendo en la Argentina porque la tarea de romper con las dependencias no ha concluido.

Porque, ¿qué significan hoy palabras como soberanía o independencia? Después de casi 200 años de aquellos hechos que hoy recordamos, la independencia de nuestra patria, como la de cualquier otra nación del mundo, está poco menos que cuestionada por los poderes globales, que deciden más allá de cualquier frontera.

Entonces ¿qué podemos hacer? La tarea de construir un país libre y soberano –que se mire a sí mismo, que priorice los intereses de su pueblo, se reconozca en su cultura, en sus valores locales- no puede darse por terminada. En el presente, somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad de luchar por una patria independiente y esa oportunidad se nos presenta todos los días.

Tal vez hoy nos cueste definir qué nos hace argentinos. En qué nos parecemos a los argentinos de Jujuy, a los del sur, a los del noreste. Más allá del himno y la bandera, de los próceres compartidos, qué es lo propio argentino es una definición por lo menos difícil.

Sin embargo, a pesar de las diferencias, hay un sentimiento que recorre las venas de los que nacimos y crecimos acá, en estas tierras. Un sentimiento que puede servirnos de guía para salir de la neblina cuando los problemas y las discusiones generadas por los intereses encontrados nos agobian, nos enfrentan, nos enojan.

Hay una canción que dice que la historia la escriben los que ganan y que eso quiere decir que hay otra historia. Los invito a pensar sobre lo que nos pasa como argentinos, sobre nuestras grandezas y miserias, con autocrítica, sin aturdirnos en los gritos de los que gritan más fuerte, siendo tolerantes con los que piensan distinto, y generosos como lo fueron muchos de aquellos hombres, que murieron pobres pero dignos en su camino de hacer la patria.

 *Viceintendente municipal

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