Pese al protagonismo alcanzado en las últimas décadas, los pueblos originarios reclaman el reconocimiento de sus derechos. Promover una nueva mentalidad respecto de ellos es una de las tareas del Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA) de la Iglesia Católica, cuyo coordinador general, presbítero Ponciano Acosta, visitó días pasados la ciudad. El Día habló con él y con otro miembro del equipo, Ángel Callupil, miembro de la comunidad mapuche-tehuelche.

 

Por Marcelo Lorenzo

 

- ¿Existe en la Argentina un problema indígena? ¿En qué términos podría presentarse este asunto?

Pbro. Ponciano Acosta:- Tenemos propiamente una problemática que están padeciendo los indígenas desde hace mucho tiempo. Y está vinculada principalmente al no reconocimiento de sus derechos. Hay un reconocimiento formal pero en la práctica estamos a años luz. Muchas de las leyes que fueron escritas se debieron a la lucha indígena. Pero el contenido de esa legislación permanece en el papel.

 

- ¿Cuándo se produjo ese cambio en el status jurídico de los pueblos originarios?

- El gran paso fue en la reforma de la Constitución Nacional de 1994. Es bueno recordar que la constitución anterior, la de 1853, hablaba de “conservar el trato pacífico con los indios y convertirlos al catolicismo”. Esta fue la política del Estado hasta el 1994.

 

- ¿Y qué significó en la realidad? ¿Sólo una política de tolerancia?

- La fórmula fue: por un lado, los toleramos, por otro los combatimos. Acordémonos que con 1853 vino la generación del ‘80, con toda la ideología que supuso el exterminio indio. Ahí viene la Campaña del Desierto. Fue la avanzada militar sobre los pueblos originarios del sur del país y tuvo como símbolo a Julio Argentino Roca. Menos difundida fue la Campaña del Desierto Verde, que tuvo lugar a fines del siglo XIX y principio del XX, contra los pueblos indígenas del norte. Hablemos de las matanzas de Napalpí y Rincón Bomba. Todavía estos crímenes están impunes.

 

Nuevo status jurídico

- ¿Cuál fue el reconocimiento de la Constitución reformada de 1994?

- Fue un avance significativo. Por un lado, tenemos que decir que hubo constituyentes aliados. Pero sobre todo fue por la gran presencia y lobby de los mismos indígenas organizados. Estuvieron todo el tiempo que duró la asamblea constituyente al lado de los constituyentes, hablando con ellos, tratando de mostrarles que es lo que a ellos les corresponde como derechos. Y se ha logrado lo que es el texto de la Constitución, que es bastante revolucionario. Este texto reconoce la preexistencia étnica y cultural. Eso es muy importante: los pueblos indígenas están antes de la organización del Estado argentino. Esto amplía el horizonte de sus derechos. Luego está el tema de la identidad indígena y tribal. Es un paso importante cuando reconocemos al indígena como el otro, el distinto. La Constitución tiene que ver con la participación en la gestión de los recursos naturales.

 

- ¿Cuál es la conquista social indígena más importante de las últimas décadas?

Angel Callupil:- Me parece que tiene que ver con la presencia y el protagonismo que tienen estos pueblos en distintos ámbitos. Han salido de la invisibilidad. Esto es muy notorio. Hoy están en muchos espacios públicos. Hay acceso a cargos de carácter político (bancas legislativas e institutos oficiales). Mayor inserción en la universidad y mayor presencia en los medios de comunicación. En las provincias, hay lentos avances en la titularización de tierras comunitarias.

 

- ¿A cuánto asciende la población aborigen del país?

P.A.:- Es una población que ronda el millón y medio de personas. No es un número pequeño. En Argentina hay más de 20 pueblos indígenas, cada uno con su cultura y modo de ver la vida. Les llamamos comúnmente ‘etnias’. Esto está demostrando la diversidad en la composición poblacional argentina originaria. Muchos de estos pueblos aún conservan su lengua, alrededor de la cual se estructura toda su cultura. Los guaraníes, por ejemplo, son diversos. Tenemos los ava-guaraní en el noroeste y los mbya-guaraní en Misiones. Hay casi cien comunidades indígenas mbya nada más que en Misiones, a la que se llama la capital nacional del inmigrante. Es una provincia pequeña que no obstante tiene una gran riqueza étnica, con gran presencia indígena. Y sobre todo guaraní, un pueblo que habita también Brasil, Paraguay y Bolivia. La nación guaraní es un pueblo peregrino “en búsqueda de la tierra sin mal”, como dice su tradición.

 

- ¿Dónde se concentra preferente la población autóctona en el mapa argentino?

- Básicamente en el norte y en el sur. Eso en cuanto a la densidad poblacional. Pero los indígenas están repartidos en el resto de la geografía nacional. Y no me extrañaría que aquí, en Gualeguaychú, hubiese algunos si uno se pone a buscar finamente. Porque a veces están en los barrios como una familia más. Acaso se crea que son criollos, pero sin embargo son indígenas (…)

 

Los conflictos por la tierra

 

- ¿Cuáles son hoy las principales amenazas que se ciernen sobre estos pueblos?

A.C.:- Tienen que ver con la cuestión del territorio. Porque en las tierras donde habitan hay mucha riqueza. La Constitución habla de “recursos naturales”. Nosotros decimos que no son recursos sino “bienes naturales”. Porque la palabra recursos nos remite a una cuestión económica, a negocio y explotación. Ahí, justamente, reside gran parte del conflicto indígena. En la actividad de la mega-minería, el petróleo, los desmontes para extender la frontera de la soja.

 

- ¿Estos avances se hacen a costa del ecosistema en el cual habitan los aborígenes?

- Ése es el punto. Por otro lado, se desconocen los derechos consagrados por la Constitución, y lo que establece el Convenio 167 de la OIT, según los cuales nuestros pueblos deben ser consultados previamente sobre la gestión de los bienes naturales en los territorios. Los aborígenes tienen que estar informados y saber qué va a pasar ante, por ejemplo, cada descubrimiento de un yacimiento minero, o ante la posibilidad de desmonte. Hay una cuestión de información y de consulta previa que no se respeta. No hablar de la posibilidad de gestión comunitaria de esos bienes.

 

- Tenemos entendido que hay una migración indígena a centros urbanos, sobre todo a sus periferias. ¿Es así?

P.A.:- La urbanización es todo un desafío, porque supone el abandono de zonas ancestrales de vida. Como sea, hace tiempo que hay comunidades urbanas. Por ejemplo, en Rosario hay varios barrios tobas, procedentes del norte del país. Se trata de inmensos barrios que están atravesados por la marginalidad y el desarraigo. Es un proceso donde se produce, además, una pérdida de la cultura autóctona. Los niños y adolescentes tobas en Rosario, por caso, ya no hablan su lengua. Y sabemos que la lengua es transmisora de cultura. En este sentido, uno de los desafíos eclesiales nuestros, en el marco de la “pastoral urbana”, es preservar en este ámbito la identidad propia indígena.

 

A.C.:- Se puede seguir siendo indígena en el marco urbano. Es lo que demuestra el caso mapuche-tehuelche. Neuquén es una ciudad enorme y allí también existen barriadas aborígenes. Bariloche, que es un centro turístico, tiene barrios mapuches.

 

- Es decir, lo aborigen no es incompatible con lo urbano.

- Seguramente. Y hay un esfuerzo enorme por mantener la identidad cultural, la riqueza de la cosmovisión aborigen, dentro de las ciudades, que no es el entorno propio de los pueblos originarios.

 

Aporte indígena para nuestra época

 

- ¿Cuál es el mensaje aborigen para nuestra época? O mejor, ¿qué aspectos de su cosmovisión merecen ser tenidos en cuenta?

P.A.:- Uno es el profundo respeto y convivencia con la naturaleza. Ellos dicen que son parte de la tierra. Se trata de una visión antagónica a la dominante en Occidente. Por otro lado, son de una profunda espiritualidad, de una contemplación y de una vida interior muy fuerte. De hecho, esto es algo que experimentamos nosotros como agentes pastorales. La espiritualidad nos une, y es la base de un enriquecimiento mutuo.

 

A.C.:- El otro valor es el respeto a los ancianos. En las culturas ancestrales el hombre mayor es fuente de sabiduría. Por lo que ha vivido y por lo que sabe. Es una nota distintiva de nuestras comunidades. Los ancianos han sido y son transmisores de la tradición y por eso se los escucha. Ellos tienen la misión de legar el patrimonio y la cultura a las nuevas generaciones. Esta es una cuestión clave que está presente en todos los pueblos indígenas.

 

P.A.:- El otro aporte indígena es el espíritu comunitario. Es muy fuerte en ellos la idea de lo colectivo, de la solidaridad de grupo. Gente con buena voluntad dona a veces ropa. Tiene que saber que no es para alguien en particular, sino para todo el grupo. Es para todos, o no es para nadie.

 

- Es lo contrario, por tanto, de la cultura individualista dominante.

- Es así. Aunque con esto no estamos idealizando. Porque también tenemos que admitir que la influencia de este mundo globalizado es muy fuerte, e impacta en todas las etnias autóctonas.

 

- ¿El consumismo hace estragos en estos grupos?

A.C.:- Claro. Y no sólo en las comunidades urbanas, sino en las rurales.

 

- ¿Creen que todavía hay una mirada etnocéntrica que ve despectivamente lo aborigen?

P.A.:- Existen los prejuicios, claro. Quizá esto se vincule a la historia de la composición poblacional argentina. Y a una ideología que hizo que la Argentina mirara más a Europa que a América. Hay prejuicios ideológicos. Pero también creo que hay ignorancia. Es decir un desconocimiento asociado a la falta de posibilidades para tomar contacto con estas etnias. Al respecto, podríamos preguntarnos, ¿qué se sabe de ellas en los colegios? Los chicos reciben lo que tienen a mano. Y se forman una opinión en base a estas posibilidades. Si hay un desconocimiento de la cuestión aborigen, es porque entonces algo está fallando ahí. Quizá los profesores no fueron formados con una visión antropológica más amplia. O quizá los manuales no tengan toda la información necesaria.

 

- A veces la televisión afianza un estereotipo deprimente, cuando asocia lo aborigen en los noticieros a la miseria, por ejemplo.

A.C.:- Así se instala la idea de que el indígena es un pobrecito abandonado. Es cierto. Pero en el Estado argentino hay cosas fundantes. El billete de cien pesos, el de mayor valor, tiene la imagen de quien llevó adelante la Campaña del Desierto, un experimento militar de doloroso recuerdo para los pueblos originarios del sur, para mapuches, tehuelches y ranqueles. Es decir, toda una historia de muerte, exterminio y violencia se presenta como una cosa victoriosa. Después está la campaña militar de Rosas y los dichos de próceres como Sarmiento. Se dejan de lado, paralelamente, la actitud de San Martín y Belgrano, que tuvieron una relación de respeto y compañerismo con los pueblos aborígenes. Ahí se ve, entonces, un desequilibrio en la historia oficial. Volviendo a la visión que se da en algunos medios, es cierto que se suele mostrar lo feo y no lo bello de nuestros pueblos. No suele aparecer allí, por ejemplo, la defensa de la vida, y los valores de una cosmovisión que tiene mucho para aportar al resto de la sociedad.

 

P.A.:- Hay que ir hacia un modelo de respeto de la diversidad. En el sentido de que cada uno tiene aportes que dar y aportes que recibir. Eso pasa en lo social, pero también en lo eclesial. Por ejemplo, la espiritualidad indígena tiene mucho que aportar a la espiritualidad cristiana. Así como en su tiempo el pensamiento griego aportó al pensamiento cristiano. En lo tocante a las etnias indígenas, hay también todo un trabajo de rescate y de valoración.

 

Giro en la evangelización

- ¿Qué cambios se produjeron en la Iglesia Católica alrededor del tema indígena? ¿Cómo debe entenderse el concepto de inculturación?

- Los cambios se fueron dando paralelamente también a otro modelo de Iglesia que fue más bien avasallante. No obstante, desde el principio la Iglesia asumió la firme defensa de los pueblos indígenas. A propósito está la carta de monseñor Jorge Lozano que recuerda los 500 años del famoso sermón pronunciado por Fray Antonio de Montesinos, en la capital de la isla llamada “La Hispaniola”, actual Santo Domingo. Con respecto a la inculturación, se plantea no sólo a nivel latinoamericano sino a nivel universal. En el marco de la evangelización debe entenderse como un proceso dialogante de ida y vuelta. Pero para que haya un diálogo tiene que haber igualdad de quienes dialogan. Porque hubo una época en la que la espiritualidad indígena se concibió como menor que la cristiana. En la medida en que nosotros nos ponemos en igualdad de condiciones, entonces se puede dar ese diálogo.

 

- ¿Esa es la base del diálogo interreligioso?

- Sí, que no se da sólo entre cristianos sino con comunidades no cristianas. Y es un proceso firme y fuerte. Tengo que decirle que en América Latina, a instancias de un organismo como la CELAM, dependiente de la Iglesia Católica, ya se han promovido seis simposios de teología india, en cuyo marco se promovió el diálogo con las religiones indígenas. O sea que hay un proceso de búsqueda, de acercamiento, de valoración mutua muy fuerte.

 

- La fe cristiana, en este proceso, se debe distinguir de los elementos culturales. ¿Es así?

- Es lo que ha pasado desde los primeros tiempos de la Iglesia. Los primeros cristianos debieron tomar nota del entorno cultural. Pablo en Atenas, por ejemplo, anunció a Cristo aludiendo al dios desconocido, una deidad  de los antiguos griegos (…) A través de las culturas vamos viendo la manifestación de Dios entre los hombres. Dios tiene esta diversidad. El universo entero, que es su obra, es un canto a la diversidad. Bajo este punto de vista,  no se puede en nombre del cristianismo, hacer a un lado la cultura de los pueblos.

 

- ¿Cuándo nace como organización eclesiástica la Pastoral Aborigen?

- Esto ocurre en 1984, al interior del episcopado. Así surge el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA). Este equipo está conformado por delegados diocesanos que a su vez representan a equipos locales de cada diócesis. Es un movimiento institucional.

 

Ficha técnica

El presbítero Ponciano Acosta, coordinador del Equipo de Pastoral Aborigen de la Iglesia Argentina, expuso días atrás en Gualeguaychú sobre la realidad actual de las comunidades autóctonas.

Invitado por el Instituto Pío XII, el sacerdote vino acompañado por otros miembros de ese equipo. Entre ellos Angel Callupil, de origen mapuche-tehuelche, que vive en Trelew, provincia de Chubut.

Callupil dice que vive su fe cristiana católica sin renegar de su identidad aborigen. “Una cosa no niega a la otra”, le explicó a este diario. “Seguir a Jesús me ayudó a valorar mi identidad como mapuche-tehuelche”, afirmó.

El Padre Ponciano Acosta, nació en Palo Santo, Formosa, donde curso estudios primarios y secundarios. En 1981 ingresó al Instituto “Misiones Consolatas”.

Cursó Filosofía y Teología en la UBA. Realizó el noviciado en Bucaramanga, Colombia. Estudió Teología en el Instituto Teológico “Sao Pablo”, en San Pablo (Brasil).

Se ordenó sacerdote en la Diócesis de Formosa en 1991. Allí comienzo su tarea con los más pobres y marginados. En el 2008, asumió la Coordinación del Equipo de Pastoral Aborigen.

Tiene, también, a su cargo una parroquia en un barrio de la periferia en la ciudad de Formosa.