No se usa aquí el prefijo re de la lengua oral actual para el aumentativo, ya aceptado por
Por Mirta Harispe
Colaboración
Y vale el neologismo de reolvido porque Leopoldo Marechal ha sido dos veces olvidado: en vida, por voluntad activa de los mediadores del arte y de sus viejos compañeros escritores; la segunda y más larga vez, desde su muerte en el 70, por el silencio oprobioso sobre su obra, su compromiso político, y los rencores que sus ironías impresas le depararon.
También las razones estéticas, que siempre son éticas, lo relegaron a los estudios académicos y críticos y lo alejaron de los lectores, determinados por el mercado y los “gustos” de la época.
L. Marechal había nacido en Almagro el 11 de junio de l900, hijo mayor, de padres de las dos orillas rioplatenses, descendientes de franceses y vascos. Siempre se consideró un porteño con largas temporadas juveniles en lo de sus tíos en el campo de Maipú, dedicados al acopio agropecuario. Ese sur bonaerense será la arcadia de sus primeros libros de poemas: “Los aguiluchos” (1922), “Días como flechas” (1926), “Odas para el hombre y la mujer” (1929), “Laberinto de amor” (l936), “Cinco poemas australes” (1937) estudiados por Pedro Luis Barcia. Y muy elogiados por Jorge Luis Borges.
“Desde los 12 años ya tenía la peligrosa costumbre de contar sílabas con los dedos; alternaba mis trabajos de rima con mis partidos de fútbol callejeros”.
A los 18, muerto su padre, se hace cargo de la familia como maestro particular y Bibliotecario en Villa Crespo, su otro barrio inspirador. A los 20 formaliza su ingreso a la docencia hasta su jubilación en el 55. Su escuela estará satirizada en el libro V del “Adán Buenos Ayres”. Se gradúa de Profesor en Letras en el Mariano Acosta y a partir del 38 estará en las cátedras mientras es funcionario y escritor.
En su etapa juvenil integrará el grupo de la vanguardia ultraísta de “Proa” y luego el movimiento “Martín Fierro”. Ya publicaba sus poemas en “
Realiza dos viajes a Europa: en España se vincula con las revistas más importantes del habla y en París vive la bohemia y las vanguardias con los grupos de pintores argentinos y europeos. Estando allí recibe el Primer Premio Nacional de Poesía por sus “Odas” y planea su novela “Adán…”
Participará activamente en las tertulias porteñas del Richmond Florida y de los cafés de
Llega su crisis espiritual y se incorpora activamente al catolicismo, su grupo de formación será el germen de
En sus novelas va a usar el lenguaje soez y popular junto con el más elaborado barroco, que anticipará las grandes novelas latinoamericanas. Hace abuso de la parodia y la ironía de la polifonía de voces, de un espíritu tomista poetizado. Instala sus ficciones en un pasado cercano para analizar la situación histórica presente, originando la corriente de la novela histórico-crítica. Va a ser Subsecretario de Cultura Nacional, S. de Educación y luego de
Escribe “El centauro” y “Sonetos a Sophía”. El ensayo “Ascenso y descenso del alma por
“Adán Buenos Ayres”,1948, cuyo relato está fechado a principios del 20, será el viaje mítico, la recorrida por todos los tópicos del debate nacional de su generación, con la que ya ha roto y a los que ridiculiza. Es una versión marechaliana de “El Aleph” de Borges, pero más “obcecada”, se dirá en “El oficio se afirma”, tomo 9 de Historia Crítica de
El ser nacional, el criollismo (que L M rechaza como elemento esencial de la argentinidad), la cultura barrial retratada en el sainete, los orígenes de la nación, el tango, los mitos orilleros, el culto al coraje. El viaje desemboca en la “Oscura ciudad de Cacodelphia”, versión porteña del Infierno. Todos los personajes, fácilmente identificables, como el poeta loco Jacobo Fijman, su amigo, y Borges, con quien más se ensaña en la figura de Luis Pereda,”fortachón y bamboleante como un jabalí ciego”.
La forma de la epopeya clásica, desde
Agrupa a aquellos que desvían al pueblo de su destino, los irresponsables, los políticos corruptos, los intelectuales vacíos, los hipocondríacos, la “Invención y Muerte del Personaje”. Luego la novela cierra con la con el ideario propuesto por el autor.
La novela tiene como eje central la figura de
Aparecen sus libros de poesía “El poema de Robot” 1966, “El Heptamerón” 1966 donde retoma el cruce del clasicismo y lo coloquial, allí está “La patriótica”, un poema duro y profético sobre las condiciones históricas que en la velada popular del Bicentenario recitara Teresa Parodi:
“La patria no ha de ser para nosotros
Nada más que una hija y un miedo inevitable,
Y un dolor que se lleva en el costado
Sin palabra ni grito.
Por eso, nunca más
Hablaré de
Se destacará también en la dramática y su obra “Antígona Vélez”, estrenada en Gchú por el Grupo Amigos del Arte, recibirá el Premio Nacional.
Su última novela, publicada después de su muerte, en 1970, cierra la trilogía. “Megafón o la guerra” se ubica en el 55 y comienza con los fusilamientos de León Suárez. Aquí el héroe es colectivo y muestra un nuevo quiebre del autor: del peronismo católico de derecha al peronismo populista que después de su viaje de dos meses a Cuba como Jurado de Casa de las Américas, en el 67, se vuelve izquierdizante, no marxista.
Y otro largo olvido. Pero no existiría Dolina sin su literatura, ni existiría “La nave de los locos”, ni Miguel Abuelo se apropiaría de su frase “Padre de los piojos, abuelo de la nada” para titular su grupo.
Como dice en su “Arte poética” en relación al poeta: “lo prefieren guardado en su ataúd/ o erecto en una estatua que insultan las palomas/ cuatro veces al día”.