Los accidentes que no registra ninguna medición

Quizá exista la presunción de que la casa es el lugar más seguro. Sin embargo, se pierde de vista que el hecho de que se pase muchas horas en ella, aumenta la posibilidad de desgracias.


La persona mayor que se cae por los desniveles del piso. El nene que sale de la bañera y, mojado, toca un artefacto eléctrico. En fin, accidentes domésticos de este tipo son muy frecuentes en un espacio pensado más para la estética y el confort que para la seguridad.

Hay dos colectivos de personas, los niños y los adultos mayores, que son los más indefensos y vulnerables a los accidentes caseros.

Según la Sociedad Argentina de Pediatría, los accidentes domésticos que ocurren en nuestro país constituyen -luego de los siniestros viales- la principal causa de muerte entre niños pequeños.

Los casos más graves se vinculan con caídas, ahogamientos, descargas eléctricas, quemaduras con líquidos calientes, exposición a tóxicos (la lavandina es el más frecuente) y medicamentos.

La caída es el motivo de consulta más frecuente en todos los servicios de guardia. Los menores de un año caen de los cambiadores, camas o mesas. Otros niños caen desde los techos, escaleras, árboles, ya sea jugando o practicando deportes.

Hay estadísticas que indican que los accidentes domésticos son un peligro silencioso que mata a un chico por día en Argentina, además de dejar una cantidad de lesionados que no registra ninguna medición.

Según los especialistas, detrás de cada lesión hay un alto costo sanitario, educativo, laboral y psíquico. Por tratarse de un problema de salud pública, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires suele lanzar campañas de prevención.

Se cree que los lugares más peligrosos de la casa son la cocina, seguido del baño, y luego el garage. Aunque el contexto socioeconómico más desfavorable propicia los accidentes, éstos sin embargo ocurren en todas las clases sociales.

El fuego de las hornallas, del horno, preparaciones calientes, elementos filosos o productos de limpieza, convierten a la cocina en un lugar inquietante, y a las quemaduras en el accidente más común (sobre todo en aquellos hogares que utilizan braseros o calentadores).

Un accidente es un acontecimiento inesperado, fortuito, en el que intervienen factores ambientales y personales. “El accidente comienza antes de que ocurra y termina mucho después, a veces dura toda la vida porque causa la muerte de alguien y otras por motivo de discapacidad severas y permanentes que afectan a la víctima y su entorno”, sostiene Elida Vanilla, especialista en el tema.

Aunque hay, es cierto, un alto componente de azar, se cree que también hacen lo suyo el abandono, la desidia y la falta de educación. Es decir, los expertos consideran que es mucho lo que se puede prevenir para evitar estas desgracias.

Está claro, por caso, que las escaleras sin pisos de goma favorecen las caídas, y que los enchufes bajos son una invitación para los deditos de los infantes. Además los balcones siguen siendo un peligro latente, al igual que las piletas de natación.

Los profesionales de la salud suelen dar consejos para todas las familias. Por ejemplo, en el ámbito de la cocina, se pide: utilizar las hornallas de atrás; no dejar abierta la puerta del horno; colocar los mangos de sartenes y cacerolas hacia un costado; cuando se trasladan líquidos o alimentos calientes, dejar el niño en lugar seguro; guardar los fósforos y enseñarles los peligros del fuego; no tener material inflamable cerca.

En suma, necesitamos tomar conciencia que el hogar, al igual que la calle, puede transformarse en un entorno peligroso.

 

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