María Luz Gonzalo desde Australia
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María Luz Gonzalo vive con su esposo e hijos, desde el año 1986 en Perth, una ciudad australiana situada sobre el océano Índico. Como todos los miércoles, desde Radio Cero (104.1), hicimos contacto con ella, para acercarla a sus afectos y para que nos cuente de su experiencia de vida, a miles de kilómetros de su tierra natal.o


María Luz, su marido e hijos


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María Luz Gonzalo, gualeguaychuense en Perth, Australia

Por Estela Gigena

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En Perth eran las 12 menos cuarto, pero de la noche. Allí, por lo que relató, se acuestan temprano, “no hay esa costumbre latina de quedarse hasta tarde”, dijo.
En el inicio de su relato, María Luz explicó el por qué de la emigración. “Nos fuimos en el año 1986; decidimos tomar un rumbo nuevo. Estábamos ya casados con mi marido – oriundo de Buenos Aires- y los dos hacía unos años que nos habíamos recibido, él de ingeniero y yo psicóloga. Decidimos buscar nuevos rumbos, una mejor calidad de vida y por eso decidimos emigrar a otro país. Teníamos en mente irnos a Canadá, en otro momento fue a Israel; después pensamos en Australia y quisimos aplicarlo. Hicimos los trámites para emigrar y dentro de los a 4 ó 5 meses de comenzar los trámites nos vinimos, sin saber cómo iba a salir el proyecto. Y resultó que la mayoría de las cosas que buscamos, las encontramos en el país que emigramos. Estamos acá hace casi 23 años, esa es un poco la historia”, resumió.
La ciudad donde viven con sus dos hijos, Marcos (20) y Andrés (17), nacidos en Australia, está situada a 4500 kilómetros de la capital, Sydney. Están al borde el océano Índico y cuentan con varias horas de sol durante todo el año, y allí también el 21 de septiembre comienza la primavera, con temperaturas bastante similares a las de nuestra ciudad, pero con niveles mucho más bajos de humedad, comentó.

El orden tan ansiado
Cuando le consultamos cómo se lleva con el orden que caracteriza a este tipo de países, María Luz opinó que “hay varias etapas, tiene que ver con el desarrollo de uno mismo como persona” y reafirmó que era una de las cosas que buscaban cuando emigraron. “Que cuando uno quiere tener acceso a ciertos servicios los tenga. En Argentina ahora ha mejorado muchísimo ese tipo de cosas, pero en ese momento el hecho de no poder tener acceso a teléfonos, se cortaba la luz, no había agua; había que hacer cola para todo, el hecho de la coima. En ese momento el orden era una de las cosas que buscamos. Es lindo, porque por un lado te facilita tener tiempo para tu vida personal y no tener que estar luchando con una burocracia, que a veces te aniquila, te estresa mucho. O sea que en ese sentido es fantástico y otras veces –ahora-, prefiero tener menos orden y más caos. Son etapas de la vida que uno va viviendo. Ahora yo no necesito estar entre los horarios; tiene que ver con la vida, el trabajo, la familia. Ahora que los hijos se vuelven adultos, uno ya no depende de pautar horarios. Pero es lindo hacer una entrevista y tenerla a la hora que uno acuerda”, dijo, marcando las diferencias que existen en la cuestión doméstica, entre los dos países.
Hablando de sus hijos, María Luz contó que Marcos, el mayor, estudia dos carreras: ingeniería y comercio. Pero además trabaja en coctelería y parece ser muy bueno, dado que el año pasado compitió en un certamen que se hizo en Sydney, en el cual elegían el barman más joven de Australia y lo ganó. Obtuvo un pasaje a Japón y a México con todo pago por 3 semanas, que lo disfrutó a pleno, contó la mamá con lógico orgullo.
Andrés, el más chico, termina el secundario este año, y según comentó María Luz es muy estudioso y piensa ingresar a la facultad de Medicina, donde el régimen es muy estricto. Tal es así que ellos terminan dentro de dos semanas y ayer sábado tenían su primer examen, donde tienen que rendir 6 materias, que comienzan a darlas ahora, para terminar el secundario. Tiene que dar el examen para entrar a la universidad y ver qué puntaje obtiene. Para cada carrera es un puntaje distinto; para medicina es alto.
Los chicos hablan, además del inglés, español, idioma que utilizan en la casa. “Aparte de eso yo les leía. Les hacía escuchar cassettes. Eso tenés que hacerlo a diario, desde que aprenden a hablar, cantarles canciones, hacerles escuchar música. Mi hijo, el más grande, ni bien terminó el secundario se fue dos meses allá (a Gualeguaychú) y no tuvo ningún problema. Inclusive, como él tiene las facciones latinas, ni siquiera se daban cuenta de que él era extranjero, lo confundían con un argentino.

Añoranzas
El haber decidido hacer su vida a miles de kilómetros de la familia implicó que los niños, por ejemplo, se criaran sin la presencia cercana de abuelos y tíos. “Es un poco más difícil. Por lo general estoy a cargo de los chicos, mi marido viaja mucho. Quise estar al lado de ellos, para tener el control que uno necesita tener como padre, estar alrededor de ellos. No te olvides que cuando estás tan lejos, sino tenés ningún miembro de la familia, uno tiene que hacer de mamá, de papá, de abuela, de tío, tía, primo, prima… todos los roles”.
¿Qué se extraña de Gualeguaychú? “A mí me encanta la gente, es muy agradable, muy gaucha, es muy especial, siempre encontrás alguien que te de una mano, que te saca un diálogo. Son los recuerdos más lindos”, dijo María Luz y con nostalgia recordó los lugares que añora: “el río, la costanera -que me encantó visitarla ahora cuando estuve-, es un paisaje hermoso, la isla Libertad, divina también”. Pero también mencionó a sus compañeras de la secundaria y obviamente, a la familia. “Eso le importa a uno, más que en qué lugar del planeta, es algo que uno lleva adentro, y que lo asocie con Gualeguaychú, con los momentos vividos ahí”.

Mi amigo Batistuta
El mundo es chico y uno nunca sabe con quien se va a encontrar. La familia de María Luz tuvo el gusto de conocer al brillante delantero argentino, Gabriel Batistuta, y a su familia. No sólo lo conocieron, sino que entablaron una amistad que hoy perdura.
“Estuvo acá un año y medio, casi dos. La amistad nació a través del fútbol, porque tenemos un amigo inglés, que nos invitó un día a pasar un día en su barco. Y nos decía: ‘voy a invitar a un amigo que recién llegó y no habla inglés’, y como este amigo inglés no habla el castellano, nos dijo que nos va a venir bárbaro, porque tiene chicos que tienen la misma edad de los nuestros y saben el idioma. Y bueno, establecimos una amistad muy linda, fue re agradable. Lo que más me gustó es comer los asados acá en casa. Seguimos manteniendo la costumbre de hacer el asado a las brasas y no con gas. Nos reuníamos para tomar mate, jugar al fútbol en la playa y comer asado siempre en la casa”, contó.
La experiencia de María Luz no dista de los otros gualeguaychuenses que viven en algún lugar del mundo, sobre todo en aquellos países más avanzados. Disfrutan de los avances, del orden, de la economía, de la educación del lugar pero, inevitablemente, mantienen las postales frescas de sus familias, los amigos y los paisajes de su ciudad.

 

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