¿Qué es un árbol genealógico? ¿Cómo se construye? La metáfora arbórea es pertinente: a partir del tronco de los antepasados se desprenden las ramas de los descendientes. Susana T.P de Domínguez, una experta en la investigación genealógica, explicó a EL DIA su valor. “Uno no nace de una lechuga”, remarcó al resaltar la importancia de conocer el ADN familiar. Por otro lado, los estudios históricos cada vez le deben más al rastreo paciente de censos y actas familiares.

 

Por Marcelo Lorenzo

 

- ¿Qué es la genealogía?

Susana de Domínguez Soler:- Es el estudio de las familias, su origen, de dónde vinieron. Y yo creo que es un gran aporte a conocernos más, a descubrir las personas; si son de una procedencia, si es de otra. Alguien puede decir: el abuelo es italiano. Bueno, ¿pero su abuelo en qué época vino? 1875, responde. ¿Y qué sabe de su bisabuelo?  También es italiano. Si, ¿pero en dónde nació? Porque una cosa es pertenecer al imperio austrohúngaro, pertenecer a la corona española. Pero desde 1860-1861 hablamos de Italia, cuando se unen todos esos pequeños estados. Es decir, si no se sabe geografía, no se sabe historia, y entonces se confunde el origen. Vayamos a Gualeguaychú. El Parque Unzué pertenecía antes a Concepción del Uruguay. Y el límite del departamento de Gualeguaychú estaba corrido. Hubo que hacer un trámite provincial, judicial, municipal para que se otorgaran esas tierras. Puede ocurrir, entonces, que alguien haya nacido en Concepción del Uruguay, y no en Gualeguaychú. El tema es más complejo si vemos cómo en el mundo se han corrido las fronteras. Entonces la genealogía abarca la historia, la geografía, las costumbres del hombre, cómo era su arquitectura en el lugar de origen. Es decir, es algo muy amplio y rico.

 

- Es otro modo de acceso al conocimiento histórico.

- Claro, que rastrea los orígenes. Si hablo de un personaje, como historiadora voy a relatar cuándo nació, a lo sumo quiénes fueron sus padres, si se casó, si tuvo descendencia, y ahí se cortó. Eso incluye la actuación pública. Qué hizo, si fue científico, militar, artista.  En cambio la genealogía va más allá de los datos básicos del personaje. Pretende reconstruir el linaje, el marco general de la familia, para lo cual hay que recopilar la mayor cantidad de antecedentes, retrocediendo en el tiempo.

 

- ¿Se puede decir que es una disciplina, una ciencia?

- Estamos peleando todo esto. Algunos hablan de que es una ciencia auxiliar de la historia. A esta altura del partido, creo que la genealogía es algo ya independiente. Por ejemplo, yo trabajo con una doctora en historia de México. ¿Y ella qué hace? Me pide toda la documentación genealógica para después escribir un artículo. Me dice: porque nosotros no vamos a la fuente, no hacemos los archivos parroquiales, no hacemos los censos; todo eso que es tan aburrido, y por lo cual que ustedes se pasan la vida ahí metidos en los archivos. Entonces, le replico: ustedes pegan de acá, y pegan de allá.

 

-  Los genealogistas están institucionalizados, tiene sus propios centros de intercambio y difusión. ¿Es así?

-  Así es. Soy Presidenta del Centro de Genealogía de Entre Ríos, pero también pertenezco a la Federación Argentina de Genealogía, al Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Este último es el más antiguo del país, tiene 60 años. El que sigue es el de Córdoba, que tiene 40 años (…) Investigar es algo costoso y editar publicaciones es difícil. Lo hace movido por la pasión y por interés intelectual. Uno toma una persona que le interesa. En mi caso, por ejemplo Juan Bautista Ambrosetti, quien nació en Gualeguay  y estuvo estudiando el origen del hombre en Soriano. Y después tuvo trascendencia nacional e internacional. Es decir, esta figura para mí es atrayente y tiene trascendencia mundial. Y la idea es ponerla en vigencia. Le voy a contar una anécdota acerca de cómo nació el centro entrerriano de genealogía. Cuando uno va a Córdoba o Tucumán, se encuentra con provincias muy antiguas. Allí miran a los entrerrianos como si hubiesen nacido ayer, como si no tuviesen historia. Así, por otra parte, me lo han dicho. Entonces yo respondo que la historia entrerriana es más rica que la de aquellas provincias que tienen 400 años de antigüedad. Cuando expulsaron a los jesuitas, nosotros no habíamos nacido como provincia ni había sido fundada. Había sí algunos habitantes, en la bajada del Paraná o sobre el río Uruguay, reunidos en forma espontánea. Pero no tenía una fundación. Después viene Rocamora y funda tres villas. Sin embargo, eso no significa que nosotros no tengamos tradición. En principio  porque el resto del país vino a poblar Entre Ríos. Pérez Colman llama la atención sobre el hecho de que en el censo parroquial de 1803, en la zona de Paraná, había familias salteñas, tucumanas, cordobesas, bonaerenses, santafecinas, correntinas, paraguayas. Es decir, Entre Ríos es la suma del resto. Es cierto, no teníamos catedrales, no teníamos universidades, no teníamos nada de eso. Pero teníamos bien clima, buenas aguadas, tierras fértiles. Y en pocos años Entre Ríos llegó hasta la organización nacional.

 

- ¿Qué le sugiere el hecho de que el grupo Item proponga investigar sobre las familias locales?

-  Me parece fantástico. Nosotros tenemos hecho un estudio- en la Revista VII-  sobre las familias fundadoras de Gualeguaychú, editado por Sebastián Pérez Colman. Arranca con las familias de 1700 y pico. Es muy antiguo. Yo diría que Gualeguaychú y todo Entre Ríos es un yacimiento riquísimo para la investigación genealógica. He trabajado mucho en figuras locales como Méndez Casariego o los Daneri (…)

 

El interés por la familia Urquiza

 

- ¿Por qué se hizo genealogista?

-  Por varias razones. Primero porque nos fuimos a vivir a Misiones y mis hijos me preguntaron si teníamos familia allá. Yo ya había hecho genealogía porque mi marido es bisnieto del general Urquiza. Cuando uno entra a una familia que no es la de uno empieza a conocer tías, primas, etcétera, y cada tiene una versión. Así, en este caso, todas habían sido la hija preferida del general. Y aparte estaba la división que planteaba la presencia de los hijos naturales. Y empecé la pesquisa hace 50 años; toda una vida. Algo que me costó mucho, aunque el que me ayudó fue el mismo general. Porque antes de marchar para Cepeda –y por si la suerte de las armas no le eran favorables- él hace testamento y reconoce los 12 hijos. La ley N°41 del año 1855 habilita a reconocer los hijos. Pero ése no es el trámite judicial; el que hay que hacer para efectivizar el reconocimiento.  Llega el año ‘59 y todavía estaba en veremos ese reconocimiento. Entonces en Paraná, con el escribano Calderón, el general hace su testamento. Reconoce sus 12 hijos naturales, quiénes son sus madres, y reconoce los hijos habidos con Dolores Costa y antes de su matrimonio con ella (que eso es del ‘55). A propósito, estoy por presentar en Córdoba una genealogía de Dolores Costa, que es algo revolucionario.

 

- Usted ha realizado estudios sobre genealogías vascas.

- En efecto, Urquiza es un apellido vasco. El padre, Joseph Narciso de Urquiza y Alzaga, nació en Castro Urdiales. En la partida de nacimiento, figura que fue bautizado en la iglesia de la Anunciación del Obispado de Vizcaya. Y en los censos no dice español, sino vasco. Para mí los censos son la ayuda numero uno para la genealogía. ¿Qué se encuentra allí? Pues dónde estaba viviendo el personaje, su núcleo familiar, y quiénes eran sus vecinos (porque está el dato de la casa). Aparecen datos, en suma, que después lo que tenemos que hacer es ir directamente al archivo parroquial y tratar de encontrar dónde fue el bautizo.

 

- ¿Qué tan importantes son las fuentes orales, aquellas que se obtienen verbalmente de otra persona, para la investigación genealógica?

- Diría que son confiables hasta ahí nomás. Aunque ofrecen informaciones que muchas veces no se encuentra documentada, dado que surgen de la tradición familiar, pueden ser inexactas. Aquí cada uno arregla la historia a su manera. Entonces hay mucha fantasía. Estimo que porque hay un afán de ser más protagonista que el otro (…)

 

- Como experta en el tema, ¿qué sugerencias haría a aquel interesado en reconstruir su historia familiar?

- Empiece por usted. Quiénes son sus padres, luego sus abuelos, y después los bisabuelos. Hay que remontarse siguiendo la ascendencia. Hay un interés, casi siempre, por saber si descendemos de tal o cual persona. Pero suele haber confusión. Las primeras intuiciones no siempre se corresponden con la realidad. Soler, por ejemplo, es un apellido catalán. Pero cuando usted se pone a buscarlo se da cuenta que está distribuido en todo el territorio español. Entonces no puedo afirmar que todos los Soler son parientes. Por ejemplo, en mi familia creíamos que descendíamos de Miguel Estanislao Soler (político y militar del siglo XIX). Tanto es así que el tercero de nuestros hijos se llama  Miguel Estanislao. Sin embargo, las investigaciones que realicé determinaron que no había conexión alguna. Cuando presenté el libro y dije que no descendía del general era como que todo el mundo se desvanecía. ¡Cómo no vamos a pertenecer al general! Porque la gente cree que descender de una persona célebre da crédito. Pero es bueno saber que uno es por lo que es, no por el apellido que lleva.

 

- ¿Es importante entrevistar a los descendientes, sobre todo si uno escribe la genealogía de otra familia?

- Es importante por algo que se llama ética. Por ejemplo, yo podría saber, con su nombre y apellido, cuándo nació usted, quiénes fueron sus padres, sus antecedentes. Pero yo no puede publicar algo de este momento o de 100 años atrás, si usted no me autoriza. Por eso estamos limitados. Hasta 1910 trabajamos en archivos. Puedo seguir el archivo, a veces me extiendo hasta 1920, con  bautismos, matrimonios. Pero no ahondo, no pido una sucesión de 1920. Porque voy a entrar en aquello que usted no puede reproducir en libros.

(….) Cuando las personas están vivas, hay que preguntarles si quiere colaborar. Si dice que no le interesa, que no quiere figurar, entonces tengo que respetar esa decisión.

 

- Usted ha publicado la historia de muchas familias. ¿Ha tenido problemas con algunos de sus miembros, por datos que exhibió?

Sí, claro. Una parienta de mi marido no me saludó nunca más, porque puse los hijos naturales en el libro de Urquiza. Ahora bien, si el general los reconoció, ¿yo voy a ser más que el general? Pero estos son prejuicios del pasado. Antes producía escándalo tener un hijo natural. Ahora resulta que las chicas hacen ostentación de no casarse y tienen hijos y nadie se asusta. La sociedad ha evolucionado. Escribir un libro hace 30 o 40 años no es lo mismo que escribirlo ahora.

 

No nacemos de una lechuga 

 

- Hay gente que ni siquiera sabe el origen de su apellido o la procedencia de sus antepasados. ¿Qué le sugiere este desconocimiento?

- Yo siempre dijo que uno no nace de una lechuga. Uno tiene, para bien o para mal, un origen familiar. Y esto no es algo menor. Porque aspectos de nuestra personalidad, o la manera en que actuamos, esté condicionado por una herencia, o alguna carga que está más allá de nosotros mismos. Hasta una cara, ojos, pelos; cosas que no elegimos. Esto es algo dado, que es parte nuestro, y debemos aceptar. Cuando vamos al médico por una dolencia, éste suele hacer preguntas sobre si alguien de nuestra familia tenía tal o cual patología. Es decir, la genealogía es genética también. Hay personas con trastornos neurológicos, por ejemplo, que a veces se heredan.

 

- El país es un mosaico de étnicas. Los árboles genealógicos son, por tanto, variopintos.

- No era así cuando era una sociedad pequeña, y las poblaciones estaban más aisladas. Entonces predominaban rasgos más endogámicos (unión de individuos de ascendencia común). Después, a la población criolla de base –que incluía indígenas y negros- se suma la gran ola inmigración sucedida entre mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Y nosotros, con ese intercambio de familias y de sangre, hemos creado un estilo argentino propio. Aunque ese estilo contiene diferenciaciones. Por ejemplo, una cosa es el Litoral. Pero dentro de él no es lo mismos ser entrerriano que ser misionero. En Misiones, por ejemplo, hay muchos más eslavos que en Entre Ríos.

 

- ¿En qué momento la sociedad entrerriana cambió su perfil?

- Después de la batalla de Caseros hay una revolución. Nosotros nos organizamos desde el punto de vista constitucional. Al separarse Buenos Aires, Urquiza se ve obligado a poner a Paraná como capital de la Confederación. Del resto del país comenzaron a llegar los legisladores. Vinieron a vivir a Paraná, pero la ciudad no estaba preparada para recibirlos. El general tuvo que hacer construir viviendas porque no sabía cómo alojarlos. Conseguir una pieza, conseguir habitación, era dificultoso en esa época para un diputado, para un ministro. Muchos se quedaron o tuvieron sus hijos en Paraná. Por otro lado, se abrió un proceso decisivo para la conformación de la sociedad entrerriana, cuando la provincia comenzó a recibir colonos europeos. En realidad, el país a abrió sus puertas al mundo, ofreciendo garantías a los extranjeros, como libertad para trabajar y libertad de culto. Entre Ríos, entonces, tenía una virtud: estaba libre de los ataques de los indios. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, eso no ocurría (…) Los censos son fantásticos para detectar la evolución social. En Entre Ríos, por ejemplo, el de 1824 muestra una fuerte presencia criolla y de población venida de otras provincias. Cuando pasamos al censo del 69 ya tenemos elementos provenientes de todos los países.

 

- ¿Cuánto puede llevar la construcción de una genealogía?

- Todo depende, pero puede durar toda una vida. Aunque actualmente está el FamilySearch, que tiene la colección de registros genealógicos más grande del mundo, y que dependen de la iglesia mormona. Uno puede extraer de allí datos de los antepasados. Para lo cual no hay impedimento de carácter religioso. A mí, que soy católica, nadie me preguntó de qué religión era. Hay, sí, una planilla donde uno debe registrar si es mormona o no. Antes pedía los microfilms y estaba ahí mirando partida por partida hasta encontrar lo que necesitaba. Pero ahora usted entra en Internet en FamilySearch y usted está viendo Gualeguaychú y puede copiar las actas.

 

 

 

 

 

Ficha técnica

 

Susana T. P. de Domínguez Soler es una destacada genealogista, que tiene una vasta obra publicada, y que participa de congresos nacionales e internacionales sobre el tema.

Experta en la historia de la familia Urquiza, Domínguez Soler preside el Centro de Genealogía de Entre Ríos, que viene realizando una intensa labor investigativa sobre la historia entrerriana.

La entrevistada es también miembro de número del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas y vicepresidente del Instituto Urquiza de Estudios Históricos.

Estuvo en Gualeguaychú el viernes 18 y el sábado 19 de este mes, en el marco de un ciclo de capacitaciones sobre genealogía que se dictó en el aula magna del Sedes Sapientiae.

Las clases las compartió con Analía Montórfano, una especialista en genealogía italiana. El ciclo fue organizado por el Profesorado de Historia del Instituto Sedes Sapientiae y el Grupo Itén.

Ese grupo cultural, justamente, ha propuesto este año, para su concurso de monografías, que se escriban historias de familias de Gualeguaychú, en otro intento de rescate de la memoria local.

 

 

 

 

El afán genealogista de los mormones

 

La Sociedad Genealógica de UTA –el estado norteamericano donde se encuentra la sede mundial de la iglesia mormona- posee una gigantesca base de datos global.

FamilySearch, así se llama la organización que construye el “Árbol genealógico mundial”, y que se nutre de archivos de todos los países, ofreciendo la más completa información de la historia familia.

Allí se pueden consultar microfichas y films sobre distintos nombres y sus antepasados. ¿Por qué a los mormones les interesan los padrones, censos, partidas de bautismos y defunciones y escrituras notariales?

Ocurre que los fieles de esta Iglesia – fundada por José Smith en los Estados Unidos, en 1830, y cuyo nombre oficial es “Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días” – creen que los antepasados pueden ser salvados mediante un “bautismo póstumo”.

FamilySearch reune entonces información genealógica de personas fallecidas, en todos los archivos del mundo, para cumplir con el compromiso religioso contraído con sus miembros para que puedan encontrar sus ancestros.

La idea es que éstos puedan “salvarse” mediante una ceremonia en la cual el familiar vivo representa a la persona fallecida. El rito consiste en “mojar” a un sustituto del muerto.

Los mormones aducen que tienen derecho de bautizar personas fallecidas, sin importar la religión que profesan, si un miembro de su familia presenta la solicitud.

Gracias a estos bautismos vicarios –según la creencia mormona- la persona muerta cumple con los requisitos para la salvación en el más allá y puede disfrutar de los beneficios del mundo espiritual.